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19 de marzo de 2016

LA MISERICORDIA ES LA ESENCIA DE LA EVANGELIZACIÓN

Entrevista a monseñor José Octavio Ruiz Arenas, Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización

Monseñor Octavio Ruiz ha concedido a Obras Misionales Pontificias una entrevista tras participar ayer en la Jornada Académica de la Cátedra de Misionología de la Universidad San Dámaso en la que habla de la nueva evangelización, de la misión ad gentes, de los misioneros… pero sobre todo, de la propuesta del Papa Francisco: anunciar al mundo la alegría del Evangelio.

Tanto el Papa como usted provienen de América Latina ¿Cómo se ve desde Roma a aquella Iglesia?
Sin duda alguna, en este momento, la Iglesia de América Latina está teniendo una gran preponderancia, en el sentido de que a partir de las grandes conferencias episcopales latinoamericanas, que han producido unos documentos de una gran riqueza, poco a poco se ha ido influyendo en toda la Iglesia universal.


Sobre todo ahora, con el documento de Aparecida, que es la base fundamental de lo que ha sido la Exhortación Apstólica “Evangelii gaudium”, en donde podríamos decir que el Papa ha relanzado ese mensaje fundamental del encuentro con Jesucristo, de la alegría del Evangelio, del impulso misionero como base para lo que debe ser la acción evangelizadora a nivel universal.

Dar de comer al hambriento, acoger al forastero, visitar a los presos... ¿no es un poco utópico el programa que el Año de la Misericordia intenta que recuperemos?
No. En absoluto es utópico, porque si nosotros tenemos que ser la imagen viva de Jesús, y Jesús lo que hizo fue servir a la humanidad, nosotros  tenemos que hacer todo lo posible por imitarlo.

Siempre habrá pobres, siempre habrá gente necesitada, siempre habrá gente angustiada, gente que necesita ser perdonada, muchas personas que tienen necesidad de un consejo, de una orientación.

Hoy en día, hay que rescatar a aquellos que se encuentran en las redes del narcotráfico, la prostitución, o de tantas familias que se encuentran solas por la ruptura de su vida matrimonial, etc. Allí es donde todos los miembros de la Iglesia tenemos un campo para practicar la caridad y la misericordia. No es una utopía, es la esencia misma del Evangelio. Si dejamos de practicar estas obras, dejamos prácticamente de ser cristianos.
En un contexto individualista, donde nos miramos más a nosotros mismos ¿no cuesta más mirar al otro?
Sí, pero el hecho de que nos cueste más mirar al otro, no quiere decir que lo tengamos que dejar, porque sería elemental el egoísmo, la división, el aislarnos completamente… y sabemos que nosotros, como cristianos, tenemos que ser una comunidad que nos debemos distinguir precisamente por el amor y la misericordia.

El Papa nos lo dice muy claramente, hoy en día, el signo de credibilidad de la Iglesia debe ser la misericordia, en un mundo que no cree en ella, en un mundo que se cierra, en un mundo que únicamente busca la división, el egoísmo, el enriquecimiento, sin darse cuenta de tanta gente que está sufriendo. Nosotros los cristianos tenemos que dar el ejemplo de todo lo contrario: abiertos, atentos a escuchar, a dialogar, a dar la mano, para que la Iglesia sea una Iglesia de amor y de servicio permanente.

En el Año de la Misericordia la reconciliación está en el centro ¿Hemos descuidado la necesidad de perdonar y ser perdonados, hace falta el perdón en la sociedad?
Vivimos en una sociedad que anhela vengarse, que vive de una anticultura de violencia, de muerte, de egoísmo. Se ha perdido el sentido del pecado y del mal.

Como Iglesia, en primer lugar, tenemos que sentir la necesidad de ser abrazados por la misericordia del Señor, de ser perdonados, porque todos necesitamos el perdón. Como cristianos, tenemos que imitar a Jesús, ser misericordiosos, y la máxima expresión de la misericordia es perdonar, un perdonar que supone amar hasta el extremo como lo hizo Jesús.

¿En qué consiste la novedad de la “nueva evangelización”?
Cuando se habla de la novedad de la “nueva” evangelización, muchas veces se piensa que se trata simplemente de nuevas estrategias para anunciar el Evangelio, pero eso no es, eso es un elemento.

Lo importante es hacer redescubrir realmente la novedad de Jesucristo, la novedad misma del Evangelio, de ese anuncio que produce alegría, gozo, que da esperanza y sentido a la existencia, de tal manera que la novedad no puede ser puramente algo externo, sino que es tomar lo esencial del Evangelio, presentarlo con gozo, con alegría y con gran entusiasmo, para que la gente lo pueda acoger y aceptar.

A veces se ha opuesto “nueva evangelización” y misión “ad gentes” ¿Cómo puede ser "nueva" la evangelización en territorios de misión?
Ahí es donde está el problema, muchas veces se ha querido enfrentar la evangelización “ad gentes” con la “nueva evangelización”. El Papa Francisco, y ya el papa Benedicto XVI, decían que toda la pastoral de la Iglesia, debe involucrar tanto el anuncio “ad gentes” como la “nueva” evangelización.

El Papa Francisco nos dice que toda acción evangelizadora tiene que tener la “novedad” de la que habla la “nueva” evangelización, que es un marco, es un espíritu nuevo, es ese impulso misionero que debe tener toda la acción evangelizadora. De tal manera que no tiene que haber una oposición; son dos realidades porque se refieren a situaciones distintas, pero la esencia de evangelización prácticamente es la misma.

En España tenemos unos 13.000 misioneros ¿Qué puede decir desde el seno de la Iglesia, desde Roma, a esos misioneros?
Sin duda alguna, la vocación misionera es una vocación muy grande, porque es renunciar a la comodidad, es realizar aquello que hoy el Papa nos dice continuamente: una Iglesia en salida, una Iglesia que deja la comodidad, una Iglesia convencida de que hay que anunciar a Cristo y sale a anunciarlo incluso lejos de su casa, de su familia, de las comodidades que le puede dar el mundo, la seguridad de un trabajo bien remunerado, etc.

Los misioneros necesitan recibir una palabra de apoyo, de entusiasmo, que entiendan que han escogido la mejor parte, que es anunciar a Jesucristo, y que están siendo un reflejo vivo de ese anuncio de la buena nueva, y que por tanto, su misión es una misión que está en el corazón de la Iglesia. Deben ser misioneros con profundo entusiasmo, con profunda alegría. Hoy hay tantos misioneros que corren peligro, estamos en una Iglesia de mártires, de persecución, de indiferencia… pero no hay que desanimarnos, sino tener presente lo que el Señor nos ha dicho: “Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”.

¿Qué diría al mundo para que recupere las entrañas de misericordia, para que se vuelva sensible a tantas cosas que nos suceden: los refugiados, el terrorismo…?
En este mundo en el que encontramos tanta oposición, en el que se quiere vivir sin Dios, se ha perdido el sentido mismo de lo que es nuestra humanidad. Estamos en una crisis, que es una crisis antropológica. No tenemos un futuro porque no sabemos el por qué de nuestra vida, no le damos valor al servicio y al amor, todo esto porque hemos rechazado a Dios.

Mucha gente lo rechaza porque piensa que aceptándolo van a perder su libertad; por el contrario, si aceptamos a Dios en nuestra vida, encontramos luz y esperanza, tenemos un futuro, y sobre todo, sabemos que el Señor no nos quita nada, sino que es el que nos da la fuerza para poder vencer el mal, para poder transformar el mundo y llenarnos de Él para poder compartir con los demás.

De tal manera que, en este mundo que está tan lleno de ese ambiente de secularismo, lo importante es que nosotros, como creyentes, mostremos el gozo y la alegría de haber encontrado a Jesucristo, y no nos avergoncemos de comunicarlo y de invitar a los demás a encontrarse con Él, porque ellos puedan ver en nosotros el reflejo del amor y la misericordia de Dios.

¿Qué le gustaría decirnos para terminar?
 Sería una invitación para que aprovechemos este Año de la Misericordia; para que, quienes tenemos fe, aprovechemos la invitación que nos ha hecho el Papa de peregrinar hacia la puerta santa. Que caminemos con la convicción de que vamos a encontrar a Cristo, que atravesemos la puerta santa sabiendo que nos ponemos en las manos del Señor. Él nos ha dicho que Él es la puerta, y quien la atraviese encontrará la salvación. Al pasar por la puerta santa, ya sea de la catedral ya sea de alguno de los santuarios, tengamos la convicción de que el Señor nos arropa con su ternura, con su misericordia, y nosotros hagamos el esfuerzo de comprometernos a ser misericordiosos como el Padre.


Fuente: OMP