El pueblo que acoge a Jesús con entusiasmo en la entrada del Domingo de Ramos y la gente que pide su crucifixión en la Pasión son la cara y la cruz de la historia humana personal y colectiva
El Domingo de Ramos que inicia la Semana
Santa nos recuerda que tenemos que estar siempre al lado de Jesús, en su
triunfo y en su sufrimiento, acompañando "los gozos y las esperanzas, las
tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los
pobres y de cuantos sufren".
"Cuando el pueblo de Dios se
convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la
historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los
que quiero detenerme en es de la globalización de la indiferencia" nos
decía el Papa Francisco, en su Mensaje para Cuaresma.

























































