Se celebra en este último domingo de
enero la Jornada de la Infancia Misionera.
La animación misionera, brota de la
radical novedad de vida traída por Cristo y vivida por sus discípulos que
tienen la obligación de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea
conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo.
La Iglesia es misionera por propia
naturaleza. Por eso, toda Iglesia, es enviada a las gentes para evangelizar y
dar la gracia, reconciliar a los hombres con Dios, y perpetuar el sacrificio de
Cristo, memorial de su muerte y resurrección.
Todos los bautizados deben tener
"espíritu misionero" y llevar a Cristo a los ambientes y
circunstancias en que vive. Deben sentirse implicados y responsables con la
misión, colaborar y cooperar "desde aquí" en la retaguardia de la
misión.
Es necesario suscitar vocaciones
misioneras, que por el amor a Cristo y en comunión con la iglesia entreguen su
vida en un acto de generosidad al servicio de los marginados y más necesitados
del mensaje evangélico. Han de dejar su casa para marcharse lejos y adaptarse
generosamente a las costumbres y variadas condiciones de los pueblos.
La oración y sacrificio por los
misioneros son imprescindibles. Para obtener resultados sobrenaturales y la
conversión de los corazones, se necesita la gracia del Espíritu, para que
conduzca a los misioneros por los caminos arduos y nuevos, siguiendo sus
decisiones.
Las aportaciones materiales y
económicas ayudan a las misiones para edificar capillas, escuelas, seminarios,
viviendas y sostener las obras de caridad de educación y formación humanas. La
cuota Misional Comunitaria y otras colectas imperadas tienen esta finalidad.
Los niños pueden y deben ser
misioneros. Esta jornada se propone. Ayudar a los educadores a despertar
progresivamente en los niños su conciencia misionera universal. Ayudar a los
niños a desarrollar su protagonismo misionero. Mover a los niños a compartir la
fe y los medios materiales, especialmente, con los niños de las regiones y de
las Iglesias más necesitadas. Promover las vocaciones misioneras. Integrarse en
la pastoral de conjunto de la educación cristiana, a la que aportará su
proyección misionera.