No necesitamos gente que chilla sino gente que «anuncia a Jesús como enamorados… con la
alegría del mundo venidero»
La última gran homilía de
este extraño curso eclesial la ha pronunciado el Papa en la fiesta de los
apóstoles Pedro y Pablo. Recordando a quienes fueron columnas de la primera
Iglesia, Francisco ha enfocado dos palabras sustanciales: unidad y profecía, que
son la síntesis de la fuerza vital de la Iglesia, incluso en las circunstancias
más hostiles.
Son palabras que se
iluminan con la historia de Paolo Mao Cunguo, obispo de Shuozhou, en la
provincia china de Shanxi, que solo ha podido sentarse públicamente en su sede
16 años después de que fuera ordenado obispo al margen de los procedimientos
establecidos por el régimen.





























































