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19 de septiembre de 2014

ÉBOLA: Y LOS QUE VIVEN EN EUROPA, NO SE ACUERDAN DE NOSOTROS?

"Es que nosotros, los misioneros, cuando vamos por esas tierras, vamos con la inquietud y el deseo de ayudar"


Sor Encarnación González es religiosa hospitalaria y misionera desde hace 24 años en Monrovia (Liberia). Tras venir a Europa a hacer ejercicios espirituales, se encontró con que el agravamiento del brote de ébola le impide regresar al país.

Gracias a su hermana Consuelo, hospitalaria en la comunidad de Málaga, contactamos con Encarnación desde su particular “exilio” en Londres. Nos atiende con rapidez, agradecida porque esta información beneficiará a los afectados por la enfermedad.

-¿Cómo está la atención a los enfermos en estos momentos en Liberia?

-Por lo que oigo están en muy malas condiciones en el hospital donde los llevan: no tienen comida, el aseo es peor de lo que te puedas imaginar… Es muy duro pensar que tienes que ir allí porque no tienes otro sitio, y cualquiera que va, prácticamente sabe que no va a salir. Es otro trauma que se añade al que ya llevan con ellos.

-Usted, sin embargo, está deseando volver.

-Es que nosotros, los misioneros, cuando vamos por esas tierras, vamos con la inquietud y el deseo de ayudar. Ahora mismo, en estas circunstancias, es cuando más lo necesitan. Simplemente tu presencia es tanto o más que la ayuda que les puedas ofrecer materialmente. Para ellos es un apoyo el que alguien se esmere por ellos, que no les abandone. Es parte de su medicación. Y si has estado allí tantos años con ellos, codo con codo, sufriendo y gozando también ¿por qué no decirlo? pues (su voz se quiebra y hace una pequeña pausa) son mi segunda familia.

-¿Qué le sostiene?

-El amor de Dios, es lo principal en todo religioso y en todo consagrado. La presencia de Dios, la fuerza que sientes desde arriba, la oración… Sin eso no se podría estar allí, es lo que te sostiene y te hace que te olvides de todo y que te dediques de lleno a quienes te necesitan. Nuestra vida consagrada es para darnos a los demás.

-¿Qué le pide a Dios cada día?

-Que me siga dando fuerza y salud, para poder volver, y que me siga manteniendo en esa actitud de hacer lo que Dios quiera de mí. Si hoy me pide ir allí, no puedo rehusarlo.

-¿Y a nosotros, qué nos pide?

-(Su risa suena al otro lado de la línea telefónica) Pues sobre todo cooperación, porque cuando la gente está en esta situación de necesidad, suele decir “¿y los que viven en Europa, no se acuerdan de nosotros?” Claro, en esos momentos ellos desearían una ayuda inmediata, pero sí que cuando las naciones cooperan ellos lo agradecen y se sienten protegidos. Yo les pido que piensen en todos los que hay en muchísimas peores circunstancias, mientras nosotros malgastamos lo que tenemos.

Fuente: SIC /Aleteia