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20 de mayo de 2016

TESTIMONIO DE UNA JOVEN NACIDA EN COREA DEL SUR, ES FRANCISCANA MISIONERA DE MARÍA

“Un día me encontré con las religiosas franciscanas que estaban muy cerca de los leprosos: me abrieron a otro mundo”

Nacida en una familia cristiana, al llegar a la universidad empezó a tener una crisis existencial. Interpelada por el sufrimiento de los pobres, se acercó de nuevo a la Iglesia, y conoció a las Franciscanas Misioneras de María que trabajaban con los leprosos. Su testimonio de vida y la película La Misión le empujaron a dar el paso y a entrar en la congregación. Actualmente está destinada a España, y trabaja en un hospital.

Mi nombre es  YUN  JEONG OH, pero mi nombre cristiano es Helena. Cuando mis padres me bautizaron, me lo pusieron. Corea no es un país católico, tenemos que coger un nombre cristiano aunque normalmente lo utilizamos en la iglesia. Yo nací en Tae Jeon que está debajo de Seúl que es capital de Corea del sur.

Cuando era pequeña quería ser monja. Cerca de mi casa había un convento de las Hermanas  y mi parroquia es de los franciscanos. Es decir que el ambiente era muy religioso. Además mi madre es muy franciscana, todos los días va a misa.  Con esta condición nació mi deseo de vestirme de monja. Me parecía que eran muy guapas y llamativas.

Mi adolescencia y mi juventud pasaron con muchos estudios sin pensar en otra cosa como todos los chicos y chicas coreanos. Cuando entré en la universidad me sentí muy vacía y no quería estudiar más, tampoco sabía lo que quería hacer. Creo que fue bastante difícil sobre todo interiormente. Buscaba a alguien para contar cosas y que me animara un poco. En este tiempo, no me comuniqué mucho con mis padres y estaba casi fuera de la iglesia no me venía la presencia de Dios.

Además en aquel tiempo, la situación política fue muy dura y la gente sobre todo los pobres sufrían mucho. Esta pobreza y el sufrimiento me quedaron siempre y empecé a acercarme a un grupo de la iglesia. Eran la tercera orden franciscana de los jóvenes. Leíamos la historia de San Francisco, aprendimos el franciscanismo y compartimos cada uno sobre su vida propia. Este movimiento nos dirigió hacia los demás; a todos los que sufren y a los pobres.  Por eso quería estar con ellos como algunos religiosos que vivían con ellos. Será eso mi segunda llamada de Dios.

Un día me encontré con las religiosas franciscanas que estaban muy cerca de los pobres, eran los leprosos, me abrieron a otro mundo. Al hablar con ellas poco a poco me venía la idea de vivir como ellas, con el miedo que tenía siempre. Una vez había un encuentro con las Hermanas, vimos una película, la MISION. Esta película me impactó, suscitó y me hizo decidir lo que estaba dudando. Así que aquella película fue mi tercera llamada. Con esta decidí entrar en el convento.

Al preparar los votos perpetuos nosotras escribimos una carta a la superiora general para expresar nuestro deseo de ser misioneras. Yo tenía la idea grabada que me dio la película, la misión, escribí pero no me mandaron a otro país. En este momento, sí que estaba bastante decepcionada. Ya sé que somos misioneras allí donde estamos y en lo que hacemos.  Yo quería vivir y compartir mi vida y mi fe fuera de mi país. 
El deseo de ser misionera fuera de mi país, me empujaba mucho y no me dejaba. Por fin después de cinco años me mandaron a España. Nunca me imaginaba que iba a venir a España como misionera. Deseaba  ir a África.         
                           
Cuando mis padres, mis amigos incluso algunas Hermanas se enteraron de mi envío a España, no lo podían entender bien y me preguntaban mucho, ¿Qué vas a hacer en España? España es un país católico y no hacen falta misioneros. A pesar de estar contenta por ser enviada, en aquel momento pensé lo mismo que los otros.  Normalmente la gente piensan que la misión es hacer algo para que la gente sea bautizada o bien ayudar a alguien. Esto es una parte de la misión.

El primer desafío que tiene un misionero es la lengua, y esta fue también mi primera dificultad: aprender el español.  Al principio todo iba bien, pero  al cabo de un  de un año mi ánimo empezó a decaer porque no podía progresar con el español. Es verdad que aprender un idioma extranjero además tan distinto no es fácil. Yo  lo entendía  con la cabeza pero me costaba mucho aceptar esta limitación.  Como me sentía insegura y no podía comunicarme bien, me aislaba y quería estar sola,  me encerraba con los libros, pensando que hasta que no supiera bien la lengua no podría estar a gusto con la gente.  Fue un tiempo difícil pero tengo que decir que  el Señor me daba el coraje para seguir luchando en esta dificultad. También  fue muy importante la ayuda que tuve de la gente y por supuesto de las hermanas que me animaban. Un día mi padre me dijo que amara España si quería aprender bien el español. Esto era lo más importante, lo principal.

Caí en la cuenta de que mi objetivo no era solo aprender español sino compartir con los españoles mi vida, mi fe  y vivir con ellos. Empecé a darme cuenta de que el no saber bien el español no era un impedimento para encontrarme con la gente, sino al contrario una oportunidad para dejarme enseñar  y animar por ellos.También hacía reír a los españoles.

Es verdad que al principio me molestaba mucho quedar en ridículo. Luego me di cuenta de que yo podía reírme de mi misma, que no pasaba nada si me equivocaba y no hablaba correctamente la lengua. Este paso fue muy grande para mí  porque empecé a vivir las dificultades de otra manera.

Ahora estoy trabajando en la atención al paciente en el hospital San Francisco de Asís, que es un hospital nuestro en Madrid.  Esta nueva misión, es para mí todo un desafío, pues aunque soy trabajadora social, anteriormente no había trabajado en nada relacionado con la salud. Pero bueno, empecé con mucha ilusión y ganas y fiándome de que el Señor me seguirá acompañando.

Sin darme cuenta yo también me encuentro diciendo esta expresión  “PERO BUENO.. VOY TIRANDO”
Ésta es la expresión que he escuchado más veces en el encuentro con los enfermos en el hospital. A mí parecer, esta frase muestra cómo es la gente española  porque me expresa la dificultad de cada día y cómo, a la vez, van aceptando ese caminar. Con el tiempo voy conociendo las palabras sanitarias a pesar de que son largas y complicadas y me voy acostumbrándome en mi trabajo. A veces cuando estoy decepcionada y desanimada me viene la pregunta “qué hago yo aquí o qué puedo hacer”  menos mal que me viene en seguida la invitación a ser presencia.

Elena, es religiosa de Corea, una #VocaciónNativa al servicio de los más pobres #TuVocación @prensaCEE @MediosConfer pic.twitter.com/TfGWgaKWgY
— OMP España (@OMP_ES)