Una voluntaria polaca de 25 años fue asesinada durante
un robo en Cochabamba, en donde habría pasado 6 meses al servicio de un
orfanato. Se trata de una práctica cada vez más difundida
Morir en misión a los 25 años, mientras
se donan algunos meses de la propia vida al servicio a los demás. Es muy duro
el rostro del martirio que está viviendo la Iglesia polaca en estos días a
través de la historia de Helena Kmieć, una chica que falleció en Bolivia
durante un trágico robo fallido en la estructura a la que llegó como voluntaria
dos semanas antes.
Hace
apenas seis meses, Helena estaba en Cracovia, entre los voluntarios de la JMJ.
Esa joven estudiante de 25 años, tan activa en el grupo juvenil vinculado con
los Misioneros salvatorianos, no podía faltar.



















































