Los
discapacitados han hecho avances en Haití, pero aún queda mucho, demasiado
estigma e impunidad
Una día cualquiera de la
semana. Era 25 de abril. Tres amigas — Jesula Gelin, Vanessa Previl y Monique
Vincent– habían pasado la mañana comprando comida en Puerto Príncipe, capital
del país más pobre del Hemisferio Occidental: Haití.
Pronto se dieron cuenta que
era la hora del regreso al poblado de Leveque, donde vivían con su familia y
otras 168 familias más de personas discapacitadas. Eran 32
kilómetros que tenían que recorrer a pie, pues lo autobuses no
funcionaban. Se había caído un puente y nadie lo había reparado.



















































