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10 de octubre de 2014

ESPAÑA: POLÉMICA POR LA REPATRIACIÓN DE LOS MISIONEROS CON ÉBOLA

Entrevista a D. Anastasio Gil, director de las Obras Misionales Pontificias en España. La religiosa curada del ébola da el posible recurso para la curación de la enfermera contagiada

El sacerdote Anastasio Gil, director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP), valora en esta entrevista con ZENIT la labor desinteresada y anónima de los cerca de 13 mil misioneros españoles que trabajan en 130 países de los cinco continentes. Con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones (Domund), que se celebrará el próximo 19 de octubre en España, D. Anastasio Gil destaca la fidelidad y constancia de estos hombres y mujeres que dejan todo para entregarse totalmente a los demás. 

Preguntado sobre la conveniencia de la repatriación de dos religiosos de la orden de San Juan de Dios, fallecidos por el virus del ébola, el director de las OMP indica que no le corresponde a él saber por qué las autoridades civiles se ofrecieron a repatriar a los enfermos del ébola. Y recuerda también que la religiosa curada del ébola es la que está dotando del posible recurso para la curación de la enfermera Teresa Romero, contagiada en España.

El contagio por ébola de una auxiliar de enfermería que atendió a uno de los dos misiones españoles fallecidos por este virus ha avivado el debate sobre si los enfermos deben ser repatriados a sus países. ¿Qué le parece que algunos consideren que hubiera sido mejor dejar a los dos misioneros en África y haber enviado allí el material médico necesario para intentar salvarlos? 

-- Don Anastasio Gil: No me corresponde a mi juzgar las circunstancias y argumentos de por qué las autoridades civiles se ofrecieron a repatriar a los enfermos del ébola una vez que estos dieron su consentimiento. 

Sí quiero dejar constancia de nuestro reconocimiento ante este gesto humanitario de la administración de España. Me temo que quienes dicen que hubiera sido mejor no repatriarlos hubieran protestado airadamente si los misioneros hubieran muerto en el destino, acusando al gobierno de abandono. 

Es de lamentar que haya habido un efecto secundario por la repatriación ni querido ni deseado. Ojalá la auxiliar de enfermería Teresa Romero venza la enfermedad y recupere la salud. Hay un hecho muy elocuente que no puede pasar desapercibido, la religiosa curada del ébola es la que está dotando del posible recurso para la curación de Teresa Romero. Así es la solidaridad de los pobres, que dan de su pobreza y de su pequeñez, y nosotros hemos de aprender que nadie es tan rico que no necesite de nada ni tan pobre que no pueda dar nada.

¿Por qué muchos misioneros suelen quedarse en las zonas más perjudicadas junto a la población con la que han trabajado aun cuando las autoridades recomiendan el abandono?

-- Don Anastasio Gil: Cuando un misionero llega al lugar de destino, tiene la convicción de que ese es su pueblo y esa es su gente. No es un técnico que viene a ayudar, sino un cristiano que vive la solidaridad y la universalidad como expresión de la caridad. Desde esta premisa se entiende que un misionero no se plantee la necesidad de salir si no es para ir a otro lugar a anunciar el Evangelio porque su tarea pastoral ha dado como fruto el nacimiento y formación de las comunidades cristianas. Su empeño de quedarse en el lugar del conflicto no es por tozudez ni voluntarismo heroico sino porque tiene la certeza de que allí donde están los hermanos, ordinariamente los mas desfavorecidos, allí ha de estar él porque no es como los demás, sino “los demás”.

El papa Francisco ha insistido en la necesidad de una renovación de la evangelización, centrada en el amor a la persona y en el primer anuncio de Cristo. ¿Cómo han acogido esta invitación del Santo Padre desde las Obras Misionales Pontificias?

-- Don Anastasio Gil: El papa Francisco ha entregado a la Iglesia, con ocasión del Domund, un mensaje recordando que “con Jesucristo nace y renace la alegría”. De ahí hemos tomado el lema para la Jornada que ilumina todo el trabajo de animación y formación misionera de los fieles y de las comunidades cristianas. Los misioneros son los principales testigos de cómo la fe es fuente permanente de alegría y de gozo porque abre el horizonte de la esperanza.

¿A qué se debe que España siga siendo una potencia misionera?

-- Don Anastasio Gil: La fe cristiana, cuando se vive con coherencia, implica un compromiso de cooperación con la evangelización. El compromiso misionero de la Iglesia en España es un indicador, a pesar de las debilidades, de que la fe y vida cristiana está en el interior de las personas y de las comunidades. En el interior de estas conciencias misioneras comienzan a barruntarse las vocaciones misioneras. De ahí tantos españoles que están en la misión.

¿Por qué hay que seguir apoyando a los misioneros?

-- Don Anastasio Gil: No se trata de un apoyo solidario con aquellos que están lejos, aunque esto sea admirable e incluso satisfactorio. Se trata de tener la convicción de que mientras ellos están en la vanguardia, en la otra orilla, nosotros tenemos la misma necesidad de ser retaguardia para vivir el compromiso de la evangelización. Esta cooperación puede ser material, incluso económica, pero esencialmente es espiritual porque todos formamos parte de la misma familia y seguimos el único mandato de Jesús: “Id y anunciad el Evangelio”.

¿Cuáles son los países donde los misioneros necesitan especialmente de nuestra atención y ayuda?

-- Don Anastasio Gil: Allí donde hay un misionero es necesaria la ayuda. Sin embargo, para que la cooperación misionera sea equilibra y responda a las más auténticas necesidades, lo mejor es canalizar nuestras ayudas a través de la Iglesia. Desde el año 1922 existe un servicio en la Santa Sede para atender de forma justa y equitativa estas necesidades. De esta ayuda se sirve la Iglesia para distribuir entre los ámbitos eclesiales más necesitados las ayudas que recibe de todos los fieles. De todas formas, estos ámbitos geográficos se ubican fundamentalmente en Asia y en África, son los llamados territorios de misión que constituyen el 38% de la Iglesia católica.

La Iglesia lleva un mensaje de esperanza hasta los últimos rincones del mundo. ¿Cree que este hecho es percibido por la sociedad?

-- Don Anastasio Gil: Tengo la certeza de que así es. Cualquier sector de la sociedad valora, ama y respeta a los misioneros que están en cualquier parte del mundo. Sin embargo, aunque no hubiera este reconocimiento y esta admiración, los misioneros seguirían haciendo su trabajo porque nunca buscan el aplauso de la gente, el resultado de las estadísticas y menos aún una “cuenta de resultados”.

¿Qué diferencia hay entre la labor misionera y la cooperación al desarrollo? 

-- Don Anastasio Gil: Ambas actividades son fruto de la generosidad de los seres humanos que desean compartir sus talentos con el resto de los coetáneos. El amor a los demás es el vínculo de unidad entre los misioneros y los cooperantes. Se podría afirmar que todo misionero es cooperante porque con su donación contribuye a la implantación de los valores del Reino de Dios. Sin embargo, el misionero es enviado por la Iglesia a la misión una vez se haya verificado su vocación. No se apunta él, sino que tiene la certeza de que Dios le envía a anunciar el Evangelio sin recibir a cambio ningún tipo de contraprestación.

¿Qué mensaje transmitiría con motivo del Domund?

-- Don Anastasio Gil: Me sumo a las palabras del Papa. Y, con la certeza de que cualquier persona es sensible ante las necesidades de los otros, Obras Misionales Pontificias llama al corazón de niños y mayores, creyentes y alejados, solicitando la limosna de la oración, el sacrificio y la colaboración económica.

Fuente: ZENIT