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5 de febrero de 2018

«LA IGLESIA CONGOLEÑA ES EL ÚNICO FRENO AL AUTORITARISMO DE KABILA»

Dependemos de las iglesias hermanas del norte para movilizar a la opinión pública de sus países sobre la necesidad de que la República Democrática del Congo respete los derechos humanos y los principios democráticos

Manifestación para pedir elecciones, el 21 de enero en Kinshasa
El coordinador de la comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de la República Democrática del Congo, Clément Makiobo, anuncia que, pese a la represión, la Iglesia monitorizará la violación de derechos humanos en el país. Y denuncia la complicidad de empresas occidentales (incluida alguna española) con el régimen de Joseph Kabila.

El arzobispo de Kinshasa, cardenal Laurent Monsengwo, ha denunciado que la policía ha utilizado «balas contra gente que marchaba con rosarios». ¿Qué pasó exactamente en las protestas del 31 de diciembre y el 21 de enero?. 

Las fuerzas de seguridad del gobierno de Kabila reprimieron brutalmente las manifestaciones pacíficas. En Justicia y Paz hemos formado a 300 observadores en las 26 provincias del país. Una de sus misiones es hacer un seguimiento de las manifestaciones. Nuestros analistas están preparando un informe con los resultados que han enviado.

La Iglesia congoleña medió inicialmente entre el gobierno y la oposición. ¿Cuándo se dio cuenta de que todo era una estrategia de Kabila para ganar tiempo?

Creo que cuando la mayoría presidencial del Parlamento, con la complicidad de algunos miembros de la oposición, eligió en abril de 2017 a un primer ministro que no había sido designado por la Agrupación de Fuerzas Vivas Partidarias del Cambio, como pedía el acuerdo.

Esto, junto al nombramiento como presidente del Comité Nacional de Supervisión del Acuerdo de una persona distinta de la que el mismo pacto preveía, dejó claro que la mayoría presidencial había optado por torpedear un acuerdo obtenido con mucha dificultad gracias a la mediación de los obispos. Entonces, la Iglesia decidió distanciarse del gobierno y jugar un rol profético.

¿Se transformó la Iglesia en el enemigo?

La oposición casi se había derrumbado en febrero de 2017 tras la muerte de su carismático líder, Etienne Tshisekedi. Por eso la Iglesia se convirtió en el único obstáculo para la deriva autoritaria de Kabila. En junio, los obispos publicaron un mensaje en el que invitaban al pueblo a exigir con responsabilidad la plena aplicación de lo acordado. Los laicos, haciéndose eco de este mensaje, decidieron organizar las marchas. Estas convocatorias continuarán, aunque paguemos por ello un elevado precio.

¿Por qué la Iglesia está dispuesta a asumir tantos riesgos para que se celebren elecciones?

Son importantes para garantizar la alternancia política. La República Democrática del Congo ha conocido 32 años de dictadura, más cinco años de conflicto armado con millones de muertos y desplazados. Dejar ejercer a Kabila un tercer mandato, cuando la Constitución dice claramente que solo se puede renovar una vez, se vería como una ruptura del pacto republicano y, por tanto, un regreso a la dictadura. Para la Iglesia, es algo inaceptable.

¿Cuál es la situación en las regiones donde los conflictos locales se han agravado por la inestabilidad de Kinshasa?

En Kivu del Norte y del Sur, en Tanganyka y en Kasai asistimos a un resurgimiento de grupos armados, que están desplazando a la población a los países vecinos. Justicia y Paz y Cáritas están prestando apoyo jurídico, psicológico y material a los afectados. Pero sus medios son limitados ante la enormidad de las necesidades.

Tras las primeras sanciones impuestas por Estados Unidos y la UE a algún empresario cómplice de Kabila, ¿cómo debería actuar la comunidad internacional con quienes se benefician del comercio con las empresas del entorno del presidente?

El impacto de las sanciones de Estados Unidos y de la Unión Europea es muy limitado. Con todas las pruebas de violaciones masivas de los derechos humanos por parte del gobierno de Kabila, los congoleños esperan de la comunidad internacional actos represivos más contundentes hacia Kabila y sus colaboradores. Desgraciadamente, tenemos la impresión de que ciertos países no osan tomar una posición clara porque defienden sus intereses. En algunos medios se habla bastante de que Francia quiere firmar contratos para la explotación petrolífera en el este del país, y España para construir la presa Inga III en el oeste. Pero no tenemos pruebas de estas acusaciones de connivencia.

[Un consorcio europeo liderado por ACS, y otro chino encabezado por la corporación Tres Gargantas aspiran a la construcción de la presa. El Banco Mundial abandonó el proyecto en 2016 por falta de transparencia. Según las últimas informaciones, recogidas por el semanario panafricano Jeune Afriquey por la entidad pública española ICEX –vinculada al Ministerio de Economía, Industria y Competitividad–, los dos consorcios preparan desde verano un proyecto conjunto, ndr].

¿Qué se puede hacer entonces desde Europa y EEUU?

Dependemos de las iglesias hermanas del norte para movilizar a la opinión pública de sus países sobre la necesidad de que la República Democrática del Congo respete los derechos humanos y los principios democráticos, con el objetivo de garantizar una paz duradera en esta región de África. Nuestro compromiso no es contra la persona de Kabila, sino a favor del respeto de los derechos y los valores democráticos que compartimos con toda la humanidad.

María Martínez / R.B.

Fuente: Alfa y Omega