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27 de agosto de 2015

«COMIDAS DE MARÍA»: LA OBRA DE UN ESCOCÉS QUE DA DE COMER A UN MILLÓN DE NIÑOS EN TODO EL MUNDO

Estas palabras, pronunciadas por un niño de 14 años en Malawi en 2002, se convertirían en la chispa que dio lugar a Mary´s Meals [Comidas de María], un fructífero esfuerzo masivo de alimentar a niños hambrientos en todo el mundo.
De las palabras de Edward a la misión de Mary´s Meals 


Hoy la foto de Edward cuelga sobre el escritorio del fundador de Mary´s Meals, Magnus MacFarlane-Barrow, y sus palabras se han inmortalizado en los objetivos y la misión de Mary´s Meals: "Que que todos los niños reciban una comida diaria en sus respectivos centros educativos, y que todos aquellos que tienen más de lo que necesitan lo compartan con aquellos que no tienen acceso ni a las cosas más básicas".


El libro de MacFarlane-Barrow The Shed That Fed a Million Children [El cobertizo que alimentó a un millón de niños] (HarperCollins) recoge las experiencias, muy personales y con frecuencia muy dolorosas, que hicieron surgir este objetivo de esta organización única, empezando por Bosnia-Herzegovina en 1992, devastada por la guerra.

Pero la historia de Mary´s Males comienza realmente una década antes, cuando la familia MacFarlane-Barrow hizo una peregrinación a Medjugorje, en esa misma región.

Una invitación de la Virgen

Medjugorje era el lugar donde se hablaba de unas apariciones de la Santísima Virgen a seis niños. La joven familia escocesa se encontró a sí misma rezando el rosario al lado de los jóvenes videntes, y fue una experiencia que no olvidarían fácilmente. "Durante esos pocos días en Medjugorje, sentí un sentimiento de profunda alegría distinto a cualquier cosa que hubiese sentido antes", escribe MacFarlane-Barrow: "Me sentí exultante. Nuestra Señora había venido a decirnos que Dios existe. La creí con todas las fibras de mi ser. Decidí responder a la invitación de Nuestra Señora en mi vida lo mejor que pude".

Seguir su invitación al amor y a la paz demostraría ser complicado. A medida que las informaciones sobre masacres, violaciones y limpiezas étnicas en Bosnia proliferaron en los años posteriores, MacFarlane-Barrow se sintió obligado a quitar tiempo a su trabajo como dueño de una piscifactoría para llevar ayuda de emergencia a la región. Ese esfuerzo modesto y familiar fue coordinado por un pequeño cobertizo en el campo escocés, que pronto creció hasta convertirse en el Scottish International Relief (SIR).

¿Y más allá de Rumanía?

El SIR se expandió hacia Rumanía para dar alimento y comida a huérfanos VIH-positivos que habían contraído la enfermedad en hospitales. A los padres de los niños se les animaba a abandonarles en instituciones locales, donde eran "olvidados en todos los sentidos de la palabra". Su descripción de la primera visita a una de estas instituciones no ahorra en espantos. "Nunca olvidaré el abrumador hedor de heces e infección", escribe, "ni el silencio cuando entramos en la sala".

Pero tanto en Rumanía como en Bosnia se estaban plantando las semillas de una gran idea. Las experiencias de primera mano del inagotable sufrimiento que existe en el mundo y la conexión -tan terrible como real- entre el hambre, la pobreza y la educación parecían apuntar a algún tipo de mision futura. Habían hecho un gran trabajo; la ayuda y el alojamiento del SIR convencieron a MacFarlane de que la paz se impone sobre los efectos de la avaricia y de la guerra, y de que "el amor fiel e incondicional -del tipo del que había sido testigo que prodigaban esos niños infaliblemente durante años- puede transformar incluso las situaciones más desesperanzadas". Pero ¿qué pasaba con los niños en todo el mundo a los que el SIR no podía llegar, pero que habían nacido en circunstancias igualmente desesperanzadas?

En las miserias del sida

La respuesta se encuentra en las palabras de aquel chico en un pueblo de Malawi. MacFarlane-Barrow había acompañado a un joven sacerdote al hogar de una de sus parroquianas que estaba a punto de morir de sida, que se había llevado por delante también a su marido un año antes. La mujer estaba sentada en un pequeño chamizo con sus seis hijos, el menor de ellos con el vientre hinchado por la malnutrición. MacFarlane-Barrow le preguntó al mayor de ellos, Edward, qué esperaba de la vida. Su respuesta cambiaría la vida de aquel hombre... y el mundo.

"Cuando nuestra conversación hubo terminado", recuerda, "y los niños salieron con nosotros bajo el abrasador sol de Malawi, esas simples palabras, expuestas como el más audaz sueño de un adolescente, ya se habían grabado en mi corazón. Un grito, un escándalo, la confirmación de una idea que ya había empezado a tomar forma, una llamada a la acción que no podía ser ignorada".

La pobreza, escándalo y grito

MacFarlane-Barrow cita en el libro al Papa Francisco, quien utiliza exactamente los mismos términos para describir la situación de un chico como Edward: "La pobreza del mundo es un escándalo. En un mundo donde hay tantas riquezas, tantos recursos para dar de comer a todos, es imposible entender qué haya tantos niños que pasan hambre, tantos niños sin educación, tantos pobres. La pobreza hoy es un grito" [7 de junio de 2013, en respuesta a las preguntas de niños de Italia y Albania, n.n.].

The Shed That Fed a Million Children pone de relieve el gran trabajo que está haciendo hoy Mary´s Meals en el mundo. Pero, lo que es aún más importante, nos recuerda que esta organización que mueve montañas comenzó con fe del tamaño de una semilla de mostaza. Hoy, un millón de niños en todo el mundo (de Liberia a la India o Haiti) no se irán a dormir con hambre gracias a un hombre que escuchó el gripo de un niño hambriento y decidió hacer algo al respecto.

Artículo publicado en la edición inglesa de Aleteia.

Fuente: Aleteia/ReL