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14 de agosto de 2016

EL OBISPO “CLANDESTINO”: ENTRE ANTES LLEGUE EL ACUERDO CHINA-SANTA SEDE, MEJOR

Habla José Wei Jingyi, obispo chino no reconocido por el gobierno. «Para permanecer fiel a la Sede Apostólica acepté volverme un obispo “clandestino”. ¿Como podría ahora rechazar lo que viene del Papa y de la Santa Sede?»

Una «Conferencia Episcopal china en comunión con el Papa» es «lo que nosotros esperamos ver y por lo que hemos rezado tanto tiempo». Es lo que piensa José Wei Jingyi, obispo católico «clandestino» de Qiqihar, en la provincia de Heilongjiang. 

Wei es un exponente conocido del área eclesial china conocida como «clandestina»; expresión desafortunada y que confunde utilizada para nombrar a los obispos, sacerdotes y fieles que no se someten a los órganos ni a los métodos de la política religiosa de Pekín. 

En el pasado, Wei vivió tres periodos de detención y de privación de las libertades personales. El más largo duró más de dos años: de septiembre de 1990 a diciembre de 1992. Vatican Insider le hizo algunas preguntas, partiendo del reciente artículo publicado por el cardenal John Tong sobre la posible evolución del diálogo entre China y la Santa Sede en relación con los procedimientos para nombrar a los obispos chinos. Y sobre este proceso el obispo se expresa con la libertad y la sensibilidad del pastor que cura almas: «Con la esperanza en que este tiempo de posibles y deseados cambios vaya acompañado por frutos de conversión en todos nosotros».

Obispo José Wei, como prelado chino, ¿qué es lo que más le sorprendió del artículo del cardenal John Tong sobre la posible evolución de las relaciones entre la Santa Sede, la Iglesia en China y el gobierno del país en relación con los nombramientos de los obispos?

El artículo del cardenal Tong sobre la «Comunión de la Iglesia en China con la Iglesia Universal» me impresionó por su novedad. Lo que más me sorprendió fue la luz que Tong recibió del cielo, que lo iluminó y le permitió ver con nuevos ojos toda la cuestión. Parte de la manera que usa Dios para dialogar con el hombre y sugiere que hay que ver con esa misma mirada también el diálogo entre la Santa Sede y Pekín. Por esto logró prefigurar una evolución tan importante y positiva.

El cardenal Hong escribió que la «Santa Sede tiene la autoridad para establecer las modalidades más oportunas para el nombramiento de los obispos en China», y que el Papa «tiene la autoridad específica de considerar las condiciones particulares de la Iglesia en el país y establecer leyes especiales, pero que no violen los principios de fe y que no destruyan la comunión eclesial». ¿Los obispos llamados «clandestinos», incluyéndolo a usted, están listos para reconocer este hecho?

Al ejercer la propia autoridad en estas cosas, el Papa y la Santa Sede no contradicen seguramente la fe y no dañan la comunión ni la unidad de la Iglesia. Todos los fieles chinos que viven en China, clandestinos u oficiales, son católicos. Y los católicos son fieles a la Sede Apostólica. ¡Para permanecer fiel a la Sede Apostólica de Roma elegí convertirme en un obispo clandestino! ¿Cómo podría ahora rechazar lo que indica la Santa Sede? Es para confesar explícitamente nuestra fidelidad al Papa y a la Sede Apostólica que nos convertimos en una comunidad clandestina, es decir sin registro oficial en los aparatos civiles. Y entonces, ¿cómo podríamos ahora rechazar lo que viene del Papa y de la Santa Sede?

En su largo artículo, el cardenal Tong escribió: «A algunos les preocupa que las negociaciones entre China y el Vaticano tengan como consecuencia el abandono de los obispos no oficiales». ¿Qué piensa usted, que es un obispo no reconocido por el gobierno?

Me pregunto: ¿cuáles pueden ser las prerrogativas legítimas de las comunidades clandestinas que corren el peligro de ser contradichas o que pueden frustrarse por las negociaciones entre China y la Santa Sede? Existe el Derecho canónico y también existe el Derecho civil, pero el diálogo entre la Santa Sede y el gobierno chino no sacrificará ninguna de las instancias legítimas de las comunidades clandestinas desde ninguno de los dos puntos de vista. En cuanto a quienes están preocupados de que con las negociaciones la Sede Apostólica pudiera olvidar a los obispos que están en la cárcel, parece que no tienen ningún fundamento. ¿Cómo podría la Iglesia, que es madre, olvidar a los propios hijos que confiesan incluso pagando con sufrimientos su fe? Es imposible, porque es imposible que el Espíritu Santo abandone a la Iglesia.

El cardenal Tong escribió que la Santa Sede, con el acuerdo en discusión, quiere favorecer la plena comunión de la Iglesia en China, y se imaginó una Conferencia Episcopal que incluya a todos los obispos en comunión con el Papa, después de que se hayan resuelto los casos de los obispos ilegítimos y excomulgados. ¿Podrían surgir resistencias en las comunidades china, después de tantas décadas de división?

La Iglesia de Dios que camina en la historia está hecha de pecadores. Si cobra forma una Conferencia Episcopal china en comunión con el Papa, todos estos obispos serán personas convertidas para caminar juntos hacia el Reino de Dios. Esta visión, esta perspectiva, es bellísima. Es lo que nosotros esperamos ver desde hace mucho tiempo y es por lo que rezamos desde hace tanto tiempo. La comunidad de los fieles chinos no tendrá objeciones. Pero esperemos también que esto vaya acompañado por frutos de conversión en todos nosotros. Este es un tiempo en el que todos nosotros debemos ver la condición concreta del Hijo Pródigo que narra el Evangelio, aquel hijo que había estado lejos durante años y que para sobrevivir acabó cuidando cerdos. 

Podemos imaginarnos que apestaba a cerdo y que, al volver a casa, se lavó lo antes posible, porque nadie quiere estar cerca de personas que apestan. No queremos ver que el Hijo Pródigo, después de haber sido abrazado por el padre, vuelve a ocuparse de cerdos, a ensuciarse con su lodo, sin pedir que lo liberen de la suciedad y del mal olor. Si alguien se comporta así y vuelve al lodo, quiere decir que no tiene ninguna identidad, ningún sentido de pertenencia, y todos se alejarán de él.

¿Ha escuchado algo sobre los contenidos de las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno chino?

No, no conocemos los particulares, pero sabemos que están trabajando, que el trabajo procede. Esto quiere decir que las cosas siguen adelante. No hay que poner prisas, porque es bueno trabajar con calma. Pero, al mismo tiempo, esperamos que se llegue dentro de poco a un resultado concreto que sea bueno para todos. ¡Y entre más rápido llegue, mejor!

Según algunos analistas, el diálogo es una ilusión o incluso nocivo si antes no se cancela el peso de la Asociación Patriótica. ¿Es cierto?

Cuando dos realidades comienzan a negociar deben ser libres de hablar sobre todo. También la Asociación Patriótica. Pero sin poner pre-condiciones. Nosotros tenemos que decir lo que pensamos, también dar sugerencias, pero el Papa debe sentir principalmente nuestro absoluto apoyo, y que confiamos en él. No debemos pretender ponerle condiciones, decirle qué debe o qué no debe hacer, o incluso pretender imponerle nuestras ideas. En el Evangelio, Jesús encomendó a Pedro la tarea de confirmar en la fe a sus hermanos. El mismo Jesús asiste al Papa en esta tarea. Y nosotros no debemos pretender enseñarle cómo se hace.

¿Pero si uno, en su conciencia, tiene dudas?

El criterio que hay que seguir no son las propias opiniones, sino el Evangelio y la fe de los Apóstoles. Nadie puede creer que sus ideas son superiores a las palabras de Jesús. Y Jesús, en el Evangelio, nos dijo que confiáramos en Pedro, en el apóstol que lo había traicionado y al que había perdonado, porque a Pedro lo sostiene Él mismo. Claro, hay que seguir la verdad que percibimos en nuestra conciencia. Pero es la fe la que ilumina nuestra conciencia, y no al contrario.

¿Cuáles son las grandes oportunidades y también las insidias más peligrosas que usted percibe, como pastor, en el presente y en el futuro de la Iglesia en China?

En estos tiempos, en la sociedad china se advierte que se necesitan puntos de referencia morales, porque la corrupción arruina y destruye todo. Entonces, se percibe una aspiración extendida al bien, a hacer las cosas respetando a los demás y el bien común. Y de esta manera, según mi opinión, se difunde también un clima favorable para el espíritu de Evangelio. Vemos que podemos colaborar. La sociedad china espera que nosotros los cristianos demos un aporte positivo y constructivo. El peligro es que no aprovechemos esta circunstancia favorable, porque estamos perdidos y nos perdemos con otras cosas. Sera como renunciar a anunciar el Evangelio en un momento en el que muchos podrían acogerlo con alegría.

El cardenal Tong, hace algunos meses, insistió en la oportunidad de «achinar» la Iglesia en China, para que no fuera percibida como un factor de colonización religiosa. ¿Es un proceso insidioso?

Pero si Matteo Ricci trajo a China no el «Evangelio italiano» o el «Evangelio francés»: trajo el Evangelio y recorrió la vía china para hacer que llegara a los chinos.

¿Se pueden leer todavía con facilidad las homilías y los discursos de Papa Francisco en el territorio chino?

Claro. Los publican muchos sitios de internet y pasan de persona a persona. Estamos siguiendo paso a paso todas las sugerencias relacionadas con el Año Santo de la Misericordia. En internet también veo a muchos chinos en las Audiencias generales con el Papa, en Roma, y se encuentran con él en la Plaza San Pedro. Él los saluda a menudo. Con respecto al pasado, para los chinos se ha vuelto más fácil llegar a Roma y ver o incluso saludar al Papa. Hay una cercanía visible con el obispo de Roma, que antes no había. Las cosas han cambiado y siguen cambiando.

¿Puede evolucionar también el papel de la Asociación Patriótica?

En lo personal, espero que con el tiempo se convierta en algo del pasado. Porque muchos tienen un mal recuerdo del papel que tuvo en muchas situaciones. Lo importante es encontrar vías nuevas para ayudar a los católicos a manifestar también el propio amor por la patria.

Usted habrá seguido el caso de Thaddeus Ma Daqin, obispo de Shanghái, y de su intervención sobre el papel positivo de la Asociación Patriótica. Algunos lo han tildado de traidor…

Nadie se puede permitir juzgar, difamar o darle palos a los demás. Nadie tiene el derecho de hacerlo, y los que lo hacen hacen una cosa muy mala. ¿Qué sabemos sobre lo que está en el corazón de Thaddeus Ma Daqin, después de la experiencia que vivió, y después de que le impidieran desempeñar su ministerio como obispo durante cuatro años?

Usted puede imaginarse mejor que nosotros lo que ha pasado en el corazón del obispo Ma…

No he tenido sus experiencias. Pero la soledad sí, y también el hecho de ser llevado a un lugar o a otro. En aquellas circunstancias, nunca estás solo: estás ante Dios, y lo que pienses o hagas, lo piensas y lo haces frente a Dios. Tal vez no ves a los fieles, tal vez otros te han traicionado, pero siempre estás ante Dios. Y esto vale más. Rezamos por Ma Daqin con respeto, sin permitirnos juzgar el corazón de los demás.

El padre Lombardi, entonces director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, dijo que el Papa reza por Ma Daqin y por todos los chinos…

El Papa es un padre, ve y juzga las cosas con mirada de padre. El obispo Ma Daqin es un hombre que reza, el Papa lo sabe y confía en él: Para un padre, lo más importante es demostrar su amor por sus hijos. 

GIANNI VALENTE

Fuente: Vatican Insider