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8 de agosto de 2017

SE CUMPLEN 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL BEATO ROMERO

«En tiempos de difícil convivencia, monseñor Romero supo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia"

El 15 de agosto se celebra el centenario del nacimiento del beato Óscar Romero, obispo y mártir. El recién creado cardenal y obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, ha pedido a los fieles que participen en la peregrinación de tres días que comenzará en la capital y culminará en la tierra natal del beato, en Ciudad Barrios.

«Caminando hacia la cuna del profeta» es el nombre de la peregrinación organizada por la Iglesia salvadoreña para conmemorar el centenario del nacimiento del beato Óscar Romero. La ruta tendrá lugar en tres etapas, desde el viernes 11 al domingo 13 de agosto. Concluirá con una Misa en el lugar que vio nacer al obispo mártir. 

«Hay un gran entusiasmo por esta celebración, lo que supone un signo de esperanza para el país. Creemos que este pueblo, si se mueve con fe, puede lograr lo que parece imposible: ser un país en paz», afirmó el cardenal. El objetivo de la peregrinación, añadió Rosa Chávez, es «buscar juntos, en camino, senderos de unidad».

Una multitudinaria celebración

La Conferencia Episcopal de El Salvador lleva tres años preparando esta efeméride, para que los salvadoreños y todos los fieles del mundo recuerden al beato Romero como hombre, pastor y mártir.

Todos los preparativos culminarán con una gran celebración a nivel nacional con tres Misas. La primera será el 12 de agosto en la diócesis de Santa Ana, con una ponencia sobre el beato impartida por el cardenal Rosa Chávez. La Santa Misa será presidida por el obispo diocesano y contará con la presencia de monseñor Léon Kalenga, nuncio apostólico.

El 13 de agosto tendrá lugar la Misa en la diócesis de origen de monseñor Romero, en Ciudad Barrios. Finalizarán los actos el mismo día de su nacimiento, el 15 de agosto, con una gran celebración en la catedral metropolitana, presidida por el cardenal Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile.

Además, desde hace un poco más de un año, las reliquias del beato Romero han estado peregrinando por las parroquias de toda la provincia eclesiástica salvadoreña.

Obispo y mártir

El 15 de agosto –día de la Asunción de la Virgen– de 1917 nacía en Ciudad Barrios, Óscar Arnulfo Romero, en el seno de una familia humilde. Ordenado sacerdote a los 25 años en Roma, pronto regresó a su país, donde destacó por su pastoral caritativa y entregada.

Fue nombrado Arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977 y tomó posesión el 22 del mismo mes, en una ceremonia muy sencilla. Tenía 59 años de edad y su nombramiento fue para muchos una gran sorpresa. Durante los tres años que ejerció este ministerio, monseñor Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desfavorecidos; esto lo llevó a denunciar la violencia y a enfrentarse cara a cara a los instigadores de este mal.

Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.

El domingo 23 de marzo de 1980, monseñor Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: «En nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión». Al día siguiente fue asesinado de un disparo mientras oficiaba la Eucaristía en la capilla del Hospital La Divina Providencia.

En unos tiempos históricos particularmente difíciles, Dios concedió a El Salvador «un obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor», dijo de monseñor Romero el Papa Francisco, en una carta enviada al actual arzobispo de San Salvador.

«En tiempos de difícil convivencia, monseñor Romero supo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia. Su ministerio se distinguió por una particular atención a los más pobres y marginados. Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación», poco antes de la consagración, «recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas».

«Damos gracias a Dios porque concedió al obispo mártir la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo, y fue moldeando su corazón para que, en su nombre, lo orientara e iluminara, hasta hacer de su obrar un ejercicio pleno de caridad cristiana», afirmó Francisco en su mensaje. «Quienes tengan a monseñor Romero como amigo en la fe, quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios, para comprometerse por un orden social más equitativo y digno».

Fuente: Alfa y Omega