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23 de febrero de 2018

LA HERMANA MARÍA JOSÉ: LA HISTORIA DE LA MISIONERA QUE HA LOGRADO AGUA POTABLE EN PLENO DESIERTO EN KENIA

La religiosa encuentra agua tras once años de excavaciones y abastecerá a la población del entorno

Imagen de la misionera María José Vila
Una misionera valenciana, al frente de una comunidad religiosa de vida contemplativa en una zona desértica en Kenia, ha logrado, después de once años de intentos fallidos, encontrar agua potable mediante la excavación de un pozo con el que podrá abastecer también a la población de su entorno.

El convento de clausura, regido por la orden de las Agustinas Recoletas en la diócesis de Machakos-Makueni, en Kenia, “fue construido en una zona muy seca donde nos dijeron que encontraríamos agua pero tras ocho excavaciones en busca de pozos dejamos de intentarlo”, según la superiora, María José Vila, de 67 años, natural de la localidad valenciana de Guadasuar. 

Después de los ocho intentos “construimos un aljibe en un río a más de 2 kilómetros para traer agua, nos llevó varios años y tuvimos que hacer canalización con tuberías subterráneas hasta el convento”. Durante un tiempo pudieron abastecerse con agua del aljibe “pero se rompían las tuberías y el agua llegaba muy sucia, incluso con el purificador, por lo que no fue una solución definitiva”, ha señalado.

Finalmente, hace meses “volvimos a perforar en busca de agua, contra toda esperanza, pero seguíamos confiando en Dios y al final lo hemos conseguido”, según la religiosa. En el momento en el que salió el agua “estábamos todas las hermanas sentadas alrededor de la excavación, nerviosas porque era nuestra última oportunidad, y cuando vimos el agua abundante lloramos de alegría e, incluso, el ingeniero que hizo el proyecto técnico cayó de rodillas”, ha narrado.

Después de encontrar agua “tuvimos que completar la instalación con bomba, tuberías y tanques, algo en lo que hemos invertido todos nuestros fondos, y ahora por fin ha finalizado el proyecto del agua, toda una hazaña y un gran regalo de Dios”.

El agua del pozo “nos ha cambiado la vida, hemos conseguido la primera cosecha de verduras en la huerta y los alrededores del convento están completamente verdes”, según Vila, que ha subrayado que “además podemos compartirla con el poblado porque somos conscientes de que el agua es un derecho que no se puede negar a nadie y menos aún en una zona desértica como ésta”.

En la actualidad la comunidad está formada por 18 religiosas, 16 de ellas nativas, una filipina y Mª José Vila, la responsable del convento, y todas ellas dedican la mayor parte del día a la oración y al trabajo, ya que elaboran albas y casullas “y también formas para consagrar”.

Precisamente han recibido ahora una ayuda, a través de la Fundación Ad Gentes del Arzobispado de Valencia, “para sufragar la compra de una máquina para hacer formas, ya que se nos estropeó una y sólo tenemos otra con la que no podemos responder toda la demanda de nuestra diócesis”.

“Agradecemos mucho la ayuda económica recibida pero aún nos hace falta más para poder comprar la máquina con la que hacer frente a todos los pedidos”, ha subrayado la religiosa valenciana, que ha recordado que con su trabajo, las religiosas se mantienen “pero también ayudamos a otras personas, especialmente madres de familia”.

“En 30 años de vida contemplativa he tenido una vida preciosa y cada dia soy más feliz”, ha afirmado la hermana Mª José, quien antes de ser destinada a Kenia estuvo 15 añoos en Filipinas. “Allí donde he estado he sentido a Dios, a las personas, el gozo de la creación y de darme a los demás sin esperar nada a cambio. En medio de mi pobreza, creo que soy inmensamente rica y no echo nada de menos porque tengo a Dios y a mis hermanas”.

Fuente: ABC