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10 de febrero de 2019

MISIONERO CONTRA EL HAMBRE EN ZIMBABWE: «MUCHOS CHICOS COMÍAN HIERBAS MALAS EN EL BOSQUE Y MORÍAN»

Carmelo Pérez-Aradros, sacerdote misionero, ha explicado en El Diario de Almería, algunas escenas de desesperación causada por el hambre que ha podido ver en sus 25 años de misionero en África

“Le dimos a una señora cinco kilos de maíz para la cosecha y nos enteramos que se lo había comido porque estaba desesperada. También vivimos momentos duros con muchos chicos que marchaban al bosque y comían hierba y matas no comestibles y al poco tiempo morían. Incluso personas que desenterraban el maíz de la cosecha por echarse algo a la boca”, recuerda de sus peores momentos de hambruna.

Carmelo Pérez-Aradros, natural de Arnedo (La Rioja) tiene dos lazos importantes con Manos Unidas, la agencia católica de ayuda internacional al desarrollo. Por un lado, él y la asociación están a punto de cumplir 60 años. Por otro, ambos han luchado juntos contra el hambre.

En 1988 fue cuando decidió marcharse como misionero a Zimbabue tras un año en Londres donde estuvo aprendiendo inglés. “Desde pequeño tuve inquietud misionera ya que estuve con misioneros combonianos durante mi infancia. Recuerdo que en aquellos entonces había misiones en América Latina, Asia y África. Finalmente me decidí por África y, en concreto, por Zimbabue por el equipo humano y la verdad que hoy en día puedo decir que no me arrepiento de aquella decisión”.

"En un primer momento fuimos un equipo de cuarenta personas de España. Hoy, lamentablemente, solo quedan nueve, entre ellos dos sacerdotes. Es el fiel reflejo de que en nuestro país faltan vocaciones sacerdotales”, comenta entristecido.

A partir de 1997 comenzó a trabajar codo con codo con Manos Unidas. La ONG católica lo ayudó a construir un Centro Social que sirvió de guardería durante muchísimos años. Además, ayudó también a dotar de infraestructuras la misión iniciada en 1988.

“De 2009 a 2018 recibimos ayudas para renovar aulas, construir edificios, construir bloques y sobre todo para combatir el problema de la escasez del agua. En todos estos proyectos colaboró Manos Unidas junto a otras ONGs. La idea siempre ha sido que aquellos proyectos que comenzamos se sostengan con el tiempo”, matiza el sacerdote. "Con conocimiento y causa, digo que todo el dinero llegaba íntegramente a África para labores humanitarias”.

Entre los años 2000 y 2005, Pérez-Aradros hizo un breve paréntesis. Volvió a Madrid y luego estuvo en Roma durante tres años estudiando Misionología. “Es curioso porque en España solo estamos seis o siete sacerdotes con esta titulación”, asegura. A su vuelta a Zimbabue, el sacerdote permaneció allí hasta el pasado año cuando tuvo que volver a España tras la llamada del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), donde desempeña un cargo de directivo en su Dirección General, además de ser consejero del citado Instituto.

Fuente: ReL