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21 de diciembre de 2014

MONSEÑOR CÉSAR FRANCO TOMA POSESIÓN DE LA DIÓCESIS DE SEGOVIA

«Si me permitís, sólo quiero expresar una preocupación, que es la vuestra: el Seminario»

«¿Qué esperáis de mí?», preguntó monseñor Franco a sus nuevos diocesanos, en una abarrotada catedral de Segovia en la mañana del sábado. El nuevo obispo pidió que los miedos no paralicen a la Iglesia en Segovia a la hora de responder a «la única misión» que Cristo ha encomendado a todos los bautizados: anunciar el Evangelio, y compartió su preocupación por el hecho de que la diócesis cuente con un solo seminarista.


El nuncio y una treintena de obispos de toda España acompañaron este sábado al nuevo obispo de Segovia, monseñor César Franco, en su toma de posesión, entre ellos el arzobispo de Madrid, monseñor Osoro, el emérito, cardenal Rouco, y el Presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Blázquez.



En la catedral, abarrotaba, destacaba la presencia de madrileños, diócesis en la que el nuevo obispo ha desempeñado hasta ahora todo su ministerio, primero como sacerdote y después, como obispo auxiliar. «En cierto sentido ellos han hecho de mí lo que soy, y en su presencia reconozco a la iglesia madre que me engendró en Cristo y me ha enriquecido con los dones de Dios, especialmente la gracia del sacerdocio, de la que me considero totalmente indigno. Como indigno me siento ahora al asumir el cuidado pastoral de esta antiquísima diócesis de Segovia. Sólo la gracia de Dios y la certeza de que la Iglesia me sostiene, ora por mí y me acompaña, me anima a caminar con vosotros, queridos segovianos, hacia la meta, que es Cristo.

«¿Qué esperáis de mí?»,preguntó a sus nuevos diocesanos. «O, dicho de otro modo, ¿qué pretensiones pensáis que traigo como obispo?» «No vengo a ocupar el lugar que sólo corresponde a Cristo y a pastorear esta diócesis como si fuera mi propiedad personal. Vengo a someterme a Cristo, único Pastor de la Iglesia, y a dejarme conducir por Él. Vosotros y yo, como cristianos, sacerdotes y obispo, debemos caminar en la voluntad del Señor para colaborar con él en la edificación de esta iglesia que sólo le pertenece a Él».

Monseñor César Franco recordó que «el Papa Francisco nos ha recordado en varias ocasiones que la Iglesia no debe referirse a sí misma, sino sólo a su Señor y a los hombres que debe salvar, especialmente a los más pobres». «En estos momentos históricos de cierta debilidad y crisis de fe y de rechazo orquestado de la Iglesia, ésta tiene la tentación de hacerse fuerte apelando a imágenes de sí misma que agraden a quienes la critican o desean secularizarla y marginarla de la sociedad. Es el riesgo de referirse a sí misma lavándose la cara o adaptándose a la mentalidad mundana, opuesta al evangelio. 

 La mundanidad espiritual , censurada por el Papa, busca en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal, sus propios intereses y no los de Cristo. La reforma de la Iglesia no es cuestión de imagen externa, que puede dejar escondida su enfermedad interior. El Santo Doctor Juan de Ávila decía que cuantos predican reforma en la Iglesia, por Cristo crucificado deben comenzar».

«El obispo, la Iglesia entera, cada bautizado ha recibido la única misión de Cristo: desvelar y comunicar este misterio», añadió. «Y, sobre todo, vivirlo. Vosotros y yo estamos unidos por la misma tarea. En esto no hay excusas ni privilegios. Todo lo que hace la Iglesia: la liturgia, la catequesis, la caridad con los pobres, tiene en esta misión su fuente y su destino. Si olvidamos esta verdad, nos quedamos a mitad de camino. Porque la voluntad de Dios para la Iglesia, dice san Pablo, es traer a todos los pueblos a la obediencia de la fe en Cristo».

«Muchos miedos nos paralizanen la evangelización», reconoció, «y olvidamos, con frecuencia, que la fecundidad de la misión está asegurada porque el hombre ha sido creado por Dios para acoger a Cristo, mediante la predicación del Evangelio». Por ello, aun consciente de que «una mayoría de cristianos está lejos de vivir» su vocación con alegría misionera, «como también sé que muchos la viven con caridad heroica», monseñor Franco dijo que no cejará «en el intento de que nuestra Iglesia viva así, para que brille la gloria de Dios y se suscite en los hombres el deseo de pertenecer al Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios que peregrina en la historia dando testimonio con la palabra y con la vida».


«Si me permitís –dijo a continuación–, sólo quiero expresar una preocupación, que es la vuestra: el Seminario», con un solo seminarista. «Roguemos al dueño de la mies, que envíe trabajadores a su mies. Oremos con intensidad y trabajemos con sabiduría para que los niños y jóvenes acojan la llamada del Señor y le sigan gozosamente. Queridos niños y jóvenes: recordad lo que os decía el Papa Benedicto XVI: Cristo no quita nada, lo da todo. ¡No tengáis miedo a Cristo!»

Fuente: Alfa y Omega