• "Se valiente, la misión te espera"


    Descarga todos los materiales para celebrar el Domund 2017
  • Presentación Domund 2017


    "El valor de ser misioneros" Anastasio Gil, Director de OMP España
  • Mensaje del Papa para el Domund 2017


    "La Misión en el corazón de la fe cristiana"
  • Reflexión Pastoral Domund 2017


    "Cuestión de valentía", Javier Carlos Gómez Director Diocesano de OMP Valladolid
  • ¿Qué es el Domund?


    La jornada en que, de un modo especial, la Iglesia reza por los misioneros y colabora con ellos
  • ¿A quién ayuda el Domund?


    Los donativos hacen posible la labor evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión
  • ¿Qué son los territorios de misión


    Conoce a fondo las misiones con el mapa en que se muestra dónde están los misioneros y la ayuda enviada por OMP España

10 de diciembre de 2014

SE SALVÓ DE LA MATANZA DE RUANDA, Y FUE A LA CÁRCEL A PERDONAR AL ASESINO DE SU MADRE Y HERMANO

Asesinaron a su familia a machetazos en Ruanda; ahora da charlas sobre cómo perdonar 

En 1994, el Gobierno ruandés, formado por miembros de la etnia hutu, promovió la exterminación de la minoría tutsi del país, en uno de los genocidios más violentos de la Historia.

Immaculée tenía 22 años cuando sus vecinos y amigos mataron a su familia, y a un millón de ruandeses tutsis más. Su madre fue asesinada al salir de su escondite, porque creyó escuchar a su hijo pequeño llamándola. A su padre lo mató un oficial amigo. Su hermano murió en una barca, rezando mientras lo cortaban por la mitad. Ella sobrevivió. En Mi viaje hacia el perdón (ed. Palabra) cuenta cómo, gracias a la oración constante, pudo perdonar a los asesinos.


No pudo ni siquiera decir adiós a su madre. Lo único que le queda del día que se marchó de su casa para refugiarse en casa del Pastor de la aldea, fue la imagen de su padre pidiéndola que se apresurase, y el rosario rojo y blanco que le regaló: «Me dijo que mi fe en Dios iba a protegerme», recuerda Immaculée.

El Rosario, el pilar que le salvó

Ese rosario fue «mi pilar, lo que me salvó de ser violada y asesinada», señala la mujer en el libro que ha escrito 20 años después del genocidio. Desde el día que entró en el baño de la casa del Pastor, de un metro cuadrado, donde otras siete mujeres y ella estuvieron escondidas durante 91 días, «me aferré al rezo del Rosario. Pero mi oración no debió de tener el poder suficiente, pues seguía odiando a los asesinos»

Dolor por no poder perdonar

En 1994, el Gobierno ruandés, formado por miembros de la etnia hutu, promovió la exterminación de la minoría tutsi del país, en uno de los genocidios más violentos de la Historia.

Immaculée tenía 22 años cuando sus vecinos y amigos mataron a su familia, y a un millón de ruandeses tutsis más. Su madre fue asesinada al salir de su escondite, porque creyó escuchar a su hijo pequeño llamándola. A su padre lo mató un oficial amigo. Su hermano murió en una barca, rezando mientras lo cortaban por la mitad. Ella sobrevivió. En Mi viaje hacia el perdón (ed. Palabra) cuenta cómo, gracias a la oración constante, pudo perdonar a los asesinos.

No pudo ni siquiera decir adiós a su madre. Lo único que le queda del día que se marchó de su casa para refugiarse en casa del Pastor de la aldea, fue la imagen de su padre pidiéndola que se apresurase, y el rosario rojo y blanco que le regaló: «Me dijo que mi fe en Dios iba a protegerme», recuerda Immaculée.

El Rosario, el pilar que le salvó

Ese rosario fue «mi pilar, lo que me salvó de ser violada y asesinada», señala la mujer en el libro que ha escrito 20 años después del genocidio. Desde el día que entró en el baño de la casa del Pastor, de un metro cuadrado, donde otras siete mujeres y ella estuvieron escondidas durante 91 días, «me aferré al rezo del Rosario. Pero mi oración no debió de tener el poder suficiente, pues seguía odiando a los asesinos»

Dolor por no poder perdonar

Esta incapacidad de perdonar «causó en mí un dolor mayor que la angustia que sentía por estar separada de mi familia, y era peor que el tormento físico de saberse perseguida», escribe la ruandesa. Mientras escuchaba los aullidos de los asesinos en el exterior del escondite, gritando: ¡Matadlos! ¡Matad a todas esas cucarachas, a las grandes y a las pequeñas!, «sólo podía ver el terror en los ojos de mis compañeras. Y rezaba para que todo tomase un nuevo significado».

La Biblia en el regazo

La joven intentó muchas veces «perdonar a los asesinos, pero mi boca se secaba al llegar a como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, en el Padrenuestro, impidiéndome acabar la oración. No podía terminar, porque realmente no lo sentía».

Así pasó días y noches, «con una Biblia en mi regazo y el rosario blanco y rojo entrelazado en mi mano. No salí de mi meditación, incluso cuando los asesinos registraban la casa».
La ira y el odio desaparecieron

Pero su constancia, y su confianza en Dios, hicieron que, poco a poco, «la ira y el odio que se albergaban en mi corazón desaparecieran, y sentí mucha paz en mi interior. Dios me hizo entender que todos son sus hijos, y que todos merecen ser perdonados. Inclusive aquellos que han cometido barbaridades como los asesinos hutus».

En la cárcel con el asesino de su madre y hermano

Cuando todo acabó, Immaculée había sobrevivido al genocidio escondida en un cuarto de baño: «Necesitaba poner en práctica todo lo que me había enseñado el Señor en la clandestinidad. Por eso, un día fui a la cárcel a ver a Felicien, el hombre que mató a mi madre y a mi hermano. El mal había envuelto su corazón, pero ahora le invadía la culpa y el remordimiento. Se postró ante mi, y me miró a los ojos con cara de vergüenza, queriéndome pedir perdón. Todos necesitamos el perdón de Dios para poder continuar, y dejar atrás la sangre, el sufrimiento... y el genocidio. Perdoné a Felicien con todo mi corazón. Y estoy segura de que él recibió mi perdón».

Cómo Dios tocó su corazón

Ahora, desde su casa en Nueva York, acompañada de su marido y sus hijos, sostiene que «Dios me salvó del genocidio por una razón: para contarle, a tantas personas como sea posible, cómo me tocó el corazón en medio del holocausto y me enseñó a perdonar. Doy testimonio de cómo eso pudo salvar a un alma paralizada por el odio y enferma por la sed de venganza».

Título: Mi viaje hacia el perdón
Autora: Inmaculee Ilibagiza
Editorial: Palabra
Asesinaron a su familia a machetazos en Ruanda; ahora da charlas sobre cómo perdonar

Fuente: Alfa y Omega/ReL