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7 de octubre de 2015

OCTUBRE MISIONERO: ¿CÓMO EVANGELIZAN LOS MISIONEROS?

Enviada a todos los pueblos como servidora, la Iglesia y, en su seno, los misioneros saben que el mayor de los servicios que se puede prestar al ser humano es hablarle de Cristo

Al estilo de Jesús, quien siempre y en todo debe marcar el criterio. Los misioneros, si quieren ser fieles a la misión recibida, no se han de preocupar sólo de seguir haciendo lo que Cristo hizo, también han de hacerlo a la manera cómo lo hizo Cristo. 

La urgencia de lo primero no anula la importancia de lo segundo. El modo y la manera como empezó Cristo su misión es también algo normativo para los misioneros. 

Veamos algunos indicadores de cómo empezó Cristo la realización de su misión, para luego sacar desde ellos las lecciones de cómo los misioneros han de seguir realizando la misión que Cristo ha dejado en sus manos.

Primer indicador y primera lección: Jesús empezó su misión en la, así considerada, semipagana Galilea, que, de todo el territorio de Palestina, era la parte más alejada de Judea y de Jerusalén. Sus habitantes vivían en tinieblas y en sombras de muerte. La misma presencia de Jesús en medio de ellos la experimentaron como una gran luz llena de brillo (Cfr. Mt. 4: 12-16). Por ello los misioneros van al encuentro de los que nada saben de Dios ni creen en Cristo, de los que se han ido y alejado, de los que se creen perdidos. La luz se necesita más allí donde mayor es la oscuridad.


Segundo indicador y segunda lección: Jesús comenzó su misión predicando una sola cosa: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la Buena noticia” (Mt. 4: 17)No puede ser otro el modo cómo los misioneros han de empezar a realizar la misión que Cristo le ha encomendado. De entrada, sin medias tintas, lo que se ha proponer a cada hombre es la conversión del propio corazón. Éste es el mejor servicio que los misioneros pueden prestar a los hombres, destinatarios de su misión: invitarles a abandonar el pecado y volver a Dios. Por ello los misioneros saben que el núcleo de su misión es de naturaleza religiosa.

Tercer indicador y tercera lección: Jesús, a la vez que predicaba el Reino de Dios, iba curando las enfermedades y dolencias del pueblo (Cfr. Mt. 4: 23-24). Y los misioneros han de hacer lo propio. La misión es una acción compleja en la que siempre han de ir de la mano el anuncio y la invitación a la conversión con la realización práctica de mil obras de toda índole, que responden a las exigencias de la caridad. El rico abanico de obras humanitarias, sociales y de promoción humana que los misioneros realizan en cada rincón de la Tierra pertenece, al igual que la predicación del Evangelio, a la misión que tienen encomendada. Los misioneros saben que a su misión pertenece vivir la caridad, emprendiendo todas las causas nobles, buenas y justas.

Cuarto indicador y cuarta lección: Desde un comienzo Jesús llamó a discípulos, se rodeó de ellos, haciéndoles partícipes de su misma misión: eran pescadores y lo iban a seguir siendo, pero no de peces, sino de hombres (Cfr. Mt. 4: 18-22). Los misioneros no podrán cumplir su cometido si no invitan a otros a que, dejando sus propios intereses, hagan propios los intereses de Cristo.

Estos indicadores de cómo Jesús comenzó su misión, normativos también para los que hoy continúan con ella, marcan la tónica de servicio, a la luz de la cual Jesús entendió su existencia y su misión. Así se lo hizo saber a los suyos en la víspera de aquel día en que, al morir en la cruz, iba a culminar su servicio.

Los discípulos de Jesús no sabían que aquélla iba a ser la última cena con el Maestro. Jesús, que bien lo sabía, les dejó su testamento. Al terminar aquella cena de despedida, Jesús se puso a lavar los pies de todos ellos. Vuelto a la mesa, les explicará lo que acababa de hacer: Con este gesto os he hecho saber que he venido para servir y así os he dado ejemplo para que no dejéis de lavaros los pies unos a otros.

Atardecer tenso y solemne en el que Jesús ama a los suyos hasta el extremo, anticipando el gran servicio que iba a realizar al día siguiente, cuando en la feliz marea de su sangre preciosa hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo y nación, iban a poder blanquear sus túnicas. Antes de volver al Padre, Jesús pedirá a los suyos que no dejen de servir por doquier el vino nuevo de la salvación.

Enviada a todos los pueblos como servidora, la Iglesia y, en su seno, los misioneros saben que el mayor de los servicios que se puede prestar al ser humano es hablarle de Cristo, invitándole a aceptarle en la propia vida como salvador de la misma. Y mientras hacen esto, no dejan de ir lavando los pies de los hombres, a los que predican este Evangelio, atendiendo sus necesidades primarias y fundamentales.


P. Lino Herrero Prieto CMM


                   Misionero de Mariannhill