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26 de diciembre de 2015

UN ABRAZO DE NAVIDAD

Súmate al abrazo que en Navidad enviamos a los 13000 misioneros españoles.

Si Dios no se hubiera hecho niño, no nos atreveríamos a amarlo. Si Dios no se hubiera hecho pequeño, ¿cómo podríamos abrazarlo? Si Dios permaneciera como un Creador lejano que se desentiende de sus criaturas, ¿cómo nos arreglaríamos para vivir la “caritas”? El “Dios encarnado” nos ha facilitado un poco las cosas, porque se deja abrazar. Y nos dice que estemos tranquilos, que si amamos a nuestros hermanos, le amamos también a Él, que se hizo hombre. Así nos ha resuelto la ecuación del único y doble mandamiento: el amor a Dios y al prójimo.

Ese Dios encarnado en un Niño envuelto en pañales se deja querer. Y le encontramos en cada hermano, pero sobre todo en el pobre, el enfermo, el preso, el inmigrante…, que son tan pequeños como Él. Los que no cuentan en el mundo son los iconos del Niño Dios.

La Sagrada Familia salió de su pueblo en Nazaret, enseñándonos a ser misioneros, dóciles a la voluntad de Dios. Esta familia misionera, que se lanza al camino, nos indica que Dios nace donde menos imaginamos, en el último rincón del mundo, y en un pesebre olvidado.  En sitios así están nuestros misioneros. A todos ellos les espera una Navidad realmente feliz, porque el esplendor de la Navidad no está en las luces que engalanan las ciudades opulentas, sino en la pequeña luz del Sagrario, donde ese Dios encarnado permanece tan pequeño y oculto al mundo como en Belén.


Dora Rivas
Obras Misionales Pontificias