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29 de agosto de 2016

“LAS RELACIONES ENTRE LA SANTA SEDE Y CHINA SON POR EL BIEN DE LOS CHINOS”

El Papa Francisco, al igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI, “conoce bien el “bagaje del sufrimiento, incomprensiones, y a menudo silencioso martirio que la comunidad católica en China lleva sobre sus propios hombros

El Secretario de Estado Pietro Parolin recuerda en Pordenone la figura del gran cardenal Celso Costantini, pionero del diálogo con Pekín, que trabajó para descolonizar el catolicismo y en 1946 renunció a la púrpura cardenalicia para hacer entrar en el sagrado colegio a un obispo chino

“Las auspiciadas nuevas y buenas relaciones con China están pensadas y perseguidas sólo de manera “funcional” por el bien de los católicos chinos, el bien de todo el pueblo chino y la armonía de la entera sociedad, en favor de la paz mundial”. 

Es lo que ha afirmado la mañana del 27 de agosto el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, recordando, en el seminario de Pordenone, la extraordinaria figura de Celso Costantini. Nacido en Castions di Zoppola en 1876, ciudadano de honor de Pordenone y de Aquileia, Costantini fue el primer delegado apostólico en China desde 1922 a 1933, después secretario de la Congregación de Propaganda Fide y finalmente Canciller de Santa Romana Chiesa.  


Fue un hombre de diálogo, empeñado en marcar una distancia entre la jerarquía católica en China y las potencias occidentales, favoreciendo el nacimiento de una Iglesia autóctona. Como prefecto de Propaganda Fide, en 1946 trabajó para introducir en el colegio cardenalicio al primer purpurado chino. Pío XII dijo que la lista con los 32 nombres –la más grande “hornada” cardenalicia de la historia hasta aquel momento-- estaba ya lista y no se podían añadir otros nombres. 

Entonces Costantini pidió al Papa Pacelli que cancelara su nombre –una petición que demuestra de que pasta estaban hechos algunos hombres de la Iglesia y de la Curia en el pasado-- y fue escuchado. En su lugar se nombró al primer cardenal chino, Tian Gengxing, convertido más tarde en arzobispo de Pekín. Costantini obtuvo la mitra roja siete años después.  

Parolin recorrió con gran riqueza de detalles el servicio prestado por este eclesiástico, leyéndolo a contra luz para ofrecer referencias sobre la situación actual. “Hoy, como entonces –ha dicho-- muchas son las esperanzas en relación a nuevos desarrollos y una nueva estación en las relaciones entre la Sede Apostólica y China, a beneficio no sólo de los católicos de la tierra de Confucio, sino de todo el país, que presume de tener una de las más grandes civilizaciones del planeta. Osaría en decir que todo esto será en beneficio también de una ordenada, pacífica y fructífera convivencia entre los pueblos y de las naciones en un mundo, como el nuestro, lacerado por tantas tensiones y conflictos. 

Considero importante subrayar con fuerza este concepto: las esperadas nuevas y buenas relaciones con China –incluidas las relaciones diplomáticas, ¡si así lo quiere Dios!-- no son un fin en sí mismo o un deseo de alcanzar quien sabe qué éxitos “mundanos”, sino que están pensadas y perseguidas, no sin temor porque aquí se trata de la Iglesia, que es cosa de Dios, sólo de manera “funcional” --repito-- por el bien de los católicos chinos, de todo el pueblo chino y por la armonía de la entera sociedad, en favor de la paz mundial”.  

Parolin ha recordado que el Papa Francisco, al igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI, “conoce bien el “bagaje del sufrimiento, incomprensiones, y a menudo silencioso martirio que la comunidad católica en China lleva sobre sus propios hombros: ¡es el peso de la historia! Pero conoce también, junto a las dificultades externas e internas, como es vivo el anhelo de la comunión plena con el sucesor de Pedro, cuantos progresos se han llevado a cabo, cuantas fuerzas vivas actuan como testimonio del amor a Dios y al prójimo, sobre todo a las personas más débiles y necesitadas, que es la síntesis de todo el cristianismo. ¡Y conoce y fomenta, sobre todo en el contexto del Jubileo de la misericordia, el perdón recíproco, la reconciliación entre los hermanos y hermanas que experimentan la división, el esfuerzo de crecer en la comprensión, la colaboración, en el amor!”.  

“Estamos todos llamados –ha añadido el Secretario de Estado-- a acompañar con afectuosa cercanía, respeto, humildad y, sobre todo con la oración, este camino de la Iglesia en China. Se trata de escribir una página inédita de la historia, mirando hacia adelante con confianza en la Providencia divina y sano realismo, para asegurar un futuro en el que los católicos chinos puedan sentirse profundamente católicos, aún más visiblemente anclados en la roca que, por voluntad de Jesús, es Pedro, y plenamente chinos, sin renegar o disminir todo lo que de verdad, noble, justo, puro, amable, honrado ha producido y continua produciendo su historia y su cultura”.  

“Va aceptado de manera realista –ha añadido Parolin-- que los problemas a resolver entre la Santa Sede y China no faltan y pueden generar, a menudo por su complejidad, posiciones y opiniones diferentes. Pero estos problemas no son del todo diferentes de aquellos afrontados y resueltos positivamente hace 70 años. El cardenal Celso Costantini permanece, por lo tanto, una fuente de inspiración y un modelo de extrema actualidad”.  

ANDREA TORNIELLI
PORDENONE

Fuente: Vatican Insider