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8 de octubre de 2016

OCTUBRE MISIONERO: "LOS MISIONEROS, PIONEROS DE LA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL"

Los misioneros no abandonan, y permanecen en los lugares de conflicto y emergencia, para atender a aquellos que se encuentran inmersos en la desdicha

“Los misioneros, pioneros de la solidaridad internacional”. Así es como definía ayer Ángel Belzunegui, director de la Cátedra de Inclusión Social de la Universidad Rovira i Virgili (URV), la presencia y la labor misionera en el mundo, en el transcurso de la mesa redonda celebrada, este miércoles 5 de octubre, en la sala de actos de CaixaForum. Un acto más en la semana «El Domund al descubierto», que se está desarrollando en Tarragona.


El eje central del coloquio fue la reflexión sobre la labor de los misioneros en ámbitos geográficos, culturales y sociales de países —considerados como del tercer mundo—, a los que la Iglesia los ha enviado para proclamar el Evangelio. 

Asimismo, fue una oportunidad para explicar de qué manera este servicio humanitario contribuye a la promoción de la dignidad de las personas y favorece el desarrollo de los pueblos.

Gloria Olivé, directora de CaixaForum, al dar la bienvenida, puso de relieve la valiosa aportación que hace la entidad en la búsqueda de una sociedad más justa y solidaria.

La mesa, presidida por el arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol Balcells, contó con la presencia y testimonio del misionero tarraconense Mons. Lluís Solé Fa, obispo de Trujillo, Honduras; del mismo Ángel Belzunegui, y del periodista Antoni Coll, consejero editorial de Diario de Tarragona, como moderador.
Para entrar en materia, el arzobispo Jaume Pujol hizo mención del testimonio de vida misionera que fue Jordi Coll, ya fallecido, y hermano del moderador, en tierras de la República Dominicana.

Lluís Solé Fa, que aterrizó definitivamente en Honduras en 1981, obispo de Trujillo, desde 2005, hizo hincapié en la importancia que tiene el Domund en el mundo misionero, parafraseando la llamada del Papa Francisco, en el documento Evangelii Gaudium: «todos los pueblos y culturas tienen derecho a recibir el mensaje de Dios». El obispo Solé quiso matizar que «el protagonismo de la misión lo tiene el Espíritu Santo, que llega antes que el misionero a sembrar la semilla de la palabra de Dios».

Profundizando en el campo misionero, Mons. Lluís Solé manifestó que la acción social de la Iglesia va asociada a la evangelizadora, «en caso contrario, sería como una ONG más».

Ángel Belzunegui no dudó en señalar a los misioneros como «los pioneros de la solidaridad a nivel internacional», afirmación que para un sociólogo laico «que no ha estado en tierras de misión puede sonar extraño». El catedrático de la URV se preguntaba si la acción misionera es un proselitismo encubierto. Admitió que tal vez en el siglo XIX podría ser así, «pero las cosas ahora son muy diferentes» y afirmó que este criterio colonial y postcolonial atribuido a la Iglesia «no se aplica igualmente al campo de la ciencia», que también ha cometido algunas barbaridades.

El obispo Solé, sobre este concepto, de supuesto proselitismo, dejó claro que, en su opinión, «la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción». En este sentido, señaló que no hay paralelismo entre la fuerza que anima al misionero, basado en la palabra de Dios, y los que tienen su fundamento en la persona humana.

En cuanto a hacer una comparación entre los misioneros y cooperantes, Belzunegui dijo que los misioneros y misioneras no pueden equipararse a los cooperantes de las ONG, «no porque sean mejores personas o porque lo hagan mejor, sino porque los mueven otras motivaciones, con una misión específica».

Lo explicitó el sociólogo en un «decálogo particular». Las misiones aportan: empoderamiento social y participación; identidad comunitaria; economía del bien común; dignidad de la persona; autocreación y autogestión; futuro, mantenimiento de vínculos sociales intergeneracionales; educación y formación; salud individual y comunitaria, y amor fraternal.

Coincidieron en que las misioneras y misioneros no abandonan, y permanecen en los lugares de conflicto y emergencia, para atender a aquellos que se encuentran inmersos en la desdicha. Belzunegui aseguró «que se ha abierto un mercado de la solidaridad, y la cooperación ha creado grandes empresas que actúan de acuerdo con sus intereses». Esta actitud es opuesta al estilo misionero «que trabaja en base a la teología y ejerce el mandato de Dios y de la Iglesia», subrayó el obispo Solé.

Como es habitual en cada una las jornadas de «El Domund, al descubierto», Anastasio Gil, director de las Obras Misionales Pontificias en España, obsequió a los componentes de la mesa redonda con el libro que recoge los carteles anunciadores del Domund, entre 1941 y 2015, además de las antiguas huchas empleadas para la cuestión en la calle.  



Fuente: OMPRESS