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31 de enero de 2017

UNA MONJA, LA ÚNICA DOCTORA EN 500 KILÓMETROS A LA REDONDA: CONTRA LA SUPERSTICIÓN Y LA MISERIA

 Es la esperanza la que salva vidas y cambia cosas, y la desesperanza, el fatalismo, es lo que lo paraliza todo

Alfonso Antequera es un cirujano del hospital público de Fuenlabrada, Madrid. Varios meses al año colabora en el pobrísimo hospital que gestionan las Misioneras Combonianas en Bebedjia, Chad.

"Una especie de infierno en la tierra"

En su primer día allí, Antequera escribió: "Hoy ha empezado mi actividad en el Hospital St Joseph de Bebedjia, la verdad es que no es muy diferente del St Mary de Axum en Etiopía. Una especie de infierno en la tierra… ni siquiera yo que soy cirujano y estoy acostumbrado a ver cosas terribles  soy capaz de soportarlo.

Termino el pase de visita a duras penas, conteniendo la nausea y las lágrimas, preguntándome qué demonios hago yo aquí. Se vive mejor ignorando esta realidad. El cerebro humano no está preparado para soportar el horror".

Pero Antequera perseveró, y después hizo llegar a más y más compañeros, médicos, enfermeros y voluntarios para pasar un tiempo ayudando en el hospital.

Sin embargo, quien vive allí, en el horror (que no es sólo horror) son las religiosas combonianas. Mantiene milagrosamente la marcha del centro su directora, Elisabetta Raule, religiosa comboniana italiana.

"Atienden con devoción a los pacientes"

"El hospital, pese a todo, realiza un trabajo encomiable", escribe el doctor Antequera admirado. "Las misioneras combonianas atienden con devoción a todos los pacientes, a la vez que tratan que los enfermeros locales no se relajen demasiado... Tendencia que por otro lado no es infrecuente en estas latitudes, ya sea por el clima, ya sea por pensar que nada tiene solución, que todo es muy difícil. La desesperanza produce esa dejadez que ya he visto anteriormente asociada a lo que parece inevitable".

Cuando algunos materialistas sugieren que África necesita recursos materiales, no cosas abstractas como "esperanza", desconocen la realidad de África... y del hombre en general.  Es la esperanza la que salva vidas y cambia cosas, y la desesperanza, el fatalismo, es lo que lo   paraliza todo.

La Muerte gana... pero que no sea por goleada

"Aquí la Muerte está acostumbrada a ganar siempre la partida. Cuando vienes aquí, tienes que venir con el objetivo de no ser derrotado, aunque conforme avanzan los días la realidad te va poniendo en tu sitio y el objetivo inicial se transforma. Lo cambias y te conformas con intentar no perder por goleada", escribe Antequera.

El médico de Fuenlabrada da más datos brutales. "Doscientas camas y un solo médico. Sor Elisabetta ejerce de mujer orquesta: dirige el hospital, pasa la visita a las camas de hospitalización de medicina, cirugía y pediatría, hace las ecografías, supervisa la sala de partos y, por si todo esto fuera poco, también opera. Dos quirófanos programados a la semana más todas las Urgencias que van llegando".

Su conclusión: "Necesitaríamos cuatro o cinco médicos europeos para poder cubrir su mes de vacaciones. Si se entera algún consejero español de sanidad, la contrata para que abra ella sola algún que otro hospital".

Único hospital en 500 kilómetros

El hospital Saint Joseph de Bebedjia es el único centro médico en 500 kilómetros a la redonda. Le corresponde atender a unas 300.000 personas en el sur de Sudán. Para eso, la Hermana Elisabetta tiene la ayuda de 4 religiosas combonianas, algunos trabajadores del hospital y los voluntarios que llegan gracias a la iniciativa EnganCHADos (www.enganchados.org) y un acuerdo con el hospital público de Fuenlabrada, con apoyo del ayuntamiento de Fuenlabrada. Solo las religiosas ya salvan miles de vidas en tareas de maternidad, pediatría, obstetricia, nutrición, vacunación... Sin ellas, sin el hospital, dice Antequera, "muchos niños morirían irremediablemente de malaria o desnutrición".

"En las dos semanas y pico que llevo en el Hospital de St. Joseph en Chad, de promedio, han nacido unos cuatro niños al día. Alrededor de veinte. La mitad han nacido muertos", escribe otro voluntario español. Simplemente, las madres, tras una gestación sin seguimiento alguno, llegan muy tarde, muy dañadas, débiles, enfermas, al hospital.

En este contexto, los voluntarios de EnganCHADos han conseguido en 2016 grandes aportaciones. Prácticamente hubo al menos un médico de refuerzo casi todos los meses del año, se enviaron medicinas, se dieron 4 cursos de formación al personal local, se inauguró una sala de reanimación postquirúrgica, comenzó un proyecto contra la desnutrición grave y se inyectaron 25.000 euros directos para ayudar a mantener el hospital en marcha, conseguidos en Fuenlabrada con mercadillos, festivales, colectas.... A medida que más voluntarios y donantes se sumen, EnganCHADos podrá hacer más para ayudar a las misioneras y sus pacientes.

Mata la pobreza, pero mata más la superstición

Chad es considerado uno de los dos o tres países más pobres del mundo: sólo hay un médico cada cien mil habitantes, la mitad de la población no tiene acceso a agua potable, sólo sabe leer uno de cada tres habitantes, y uno de cada tres niños menores de 5 años está desnutrido. Apenas un 11% de la población tiene acceso a sistemas de saneamiento.

Los médicos españoles, cuando llevan unas semanas en Chad, comprueban que lo que mata no es la mera pobreza, sino también la superstición, la ignorancia, las acciones dañinas irracionales. Así, un bebé corre el riesgo de "morir ahogado por su propia madre al derramarle agua caliente por tu boca y fosas nasales desde recién nacido, costumbre local muy arraigada que excede cualquier intento de explicación lógica", según detalla un médico   voluntario.

Más casos: "Tu madre amparada en alguna estúpida superstición, como pensar que su hijos muertos de malaria lo fueron en realidad por haber sido amamantados, te dará antes agua sucia de algún pozo sin pretil, que su preciada leche. Si eres nómada, entonces te darán leche de vaca agriada con su propia orina, un poco mas sana… Si coges una pequeña gripe o faringitis tu familia te llevara al “guerisare” (curandero local) antes que al médico y él te extirpara la úvula en uno de las más crueles practicas de la medicina tradicional y te producirá una hemorragia incontrolada que es muy probable que acabe con tu vida".

Lo más tragicómico es que mucha gente sólo llega al hospital después de haber dejado que su caso empeore durante meses o años, después de pasar por muchos brujos y estafadores y sus tratamientos dañinos. Llegan moribundos, mueren en el hospital... y la gente ve reforzada la idea de que en el hospital ¡la gente se muere!, por lo que tienden a evitarlo. El perfecto círculo del absurdo.

Formar, educar, alfabetizar cambia el mundo

En estas circunstancias, los cursos para formar a las madres de familia, la alfabetización de los niños, todo lo que signifique salir de la superstición, es liberador.

También hay violencias por venganzas, rencillas que se dirimen con armas blancas o de fuego. La mayoría de la población es musulmana o animista, y la cultura cristiana basada en el perdón y la reconciliación resulta ajena en algunas etnias que consideran que vengarse es un deber familiar, una virtud social.

Los voluntarios se emocionan y reflexionan

En Chad, los voluntarios que llegan de España se emocionan y reflexionan. La enfermera Encarni Jiménez escribe: "Aquí se reían sobre todo los jóvenes cuando les enseñaba las fotos de mis hijos y marido. Pensarían : ¡vaya familia mas blanca! Me decían siempre, extrañados: ¿solo dos hijos? Claro que ellos tienen entre 5 y 10 hijos por lo menos.  Cuántas veces he pensado en mis hijos, lo fácil que lo tenemos y las preocupaciones accesorias que nos buscamos, cuando aquí en Chad la lucha por la supervivencia es la principal y verdadera preocupación".

Encarni Jiménez valora que las misioneras estén permanentemente en un sitio tan duro. "Sor Elizabeth y Sor Lourdes, únicas médicos permanentes de St. Joseph... Sor Rafaela, Sor Elvia y sor Esperanza, magníficas enfermeras. Todas con una dedicación y labor excepcional, sin ellas esto no existiría. Presentes en todo momento. Garantía para estas gentes abandonadas por su gobierno, con todos los hospitales públicos y colegios cerrados desde hace meses. Sólo los hospitales y escuelas de los misioneros permanecen abiertos, como el liceo de al lado de nuestro amigo el frère Simon con su acento del Quebec y toda su sabiduría después de más de 10 años de andanzas africanas".

Fuente: P.J.Ginés/ReL