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7 de agosto de 2014

BEATOS CON "ALMA AFRICANA"

En los próximos meses la Iglesia beatificará a dos servidores del Evangelio a quienes les unía un amor entrañable por el continente africano: Pablo VI (19 de octubre) y Álvaro del Portillo (29 de septiembre)


La providencia de Dios ha hecho posible el reconocimiento de su santidad en dos fechas muy cercanas. Me parece justo que la revista Misioneros Tercer Milenio haga un explícito reconocimiento a quienes, con sus palabras y gestos, han contribuido al desarrollo humano y cristiano del pueblo africano.


El 29 de octubre de 1967, fiesta de Cristo Rey, Pablo VI envía un mensaje a la Iglesia –Africae Terrarum– en el que certifica la madurez cristiana de muchas de estas comunidades. 

Entre los signos claros de esta madurez Pablo VI destaca el respeto e inserción, en el contexto de la evangelización, de las culturas propias y étnicas del pueblo africano, haciendo especial referencia a la centralidad de la persona y de la familia en la vida cultural de este pueblo. Protagonistas de esta evangelización son los misioneros, a quienes “se les debe la primera enseñanza escolar, la primera asistencia sanitaria, el primer contacto amistoso con el resto de la humanidad, la primera defensa de los derechos personales... 

El verdadero motivo de la presencia de los misioneros en África es el deseo de hacer participes a los africanos del mensaje de paz del Evangelio”. El futuro beato hace dos recomendaciones esenciales para el porvenir de este continente. A la mujer africana se le pide que tome conciencia, cada vez más clara, de su dignidad de persona, de su misión de madre, de sus derechos de participación en la vida social y en el progreso de la nueva África; y a los estudiantes que están lejos de África, que sigan adheridos a su tierra y disponibles para retornar con el fin de contribuir al progreso y al bienestar del continente.

Álvaro del Portillo realizó numerosos viajes a África para impulsar el trabajo evangelizador de quienes fueron enviados a este continente por la Prelatura del Opus Dei. De sus sugerencias nacieron numerosos centros de formación y promoción social. En la actualidad la mayoría de estos centros de sanidad, agrícolas y educativos ya están gestionados por los nativos del lugar. 

En la R. D. del Congo nace a mediados de la década de los 80 el Lycée Kimbomdo para la formación profesional de personas procedentes de zonas rurales. Ante el alto número de mortalidad materno-infantil en el parto, el Institut Supérieur en Sciencies Infirmières forma a enfermeras que puedan atender a las mujeres en el parto. Más tarde, en las afueras de Kinshasa, surge el Centre Hospitalier Monkole y, dependiente de él, tres dispensarios para ofrecer asistencia médica en barriadas marginales. 

En Costa de Marfil, el Centre d'Education Rurale Ilomba imparte cursos de formación en temas de salud, nutrición e higiene, además de educación escolar. En Nigeria, el Iroto Rural Development Centre da prioridad a la formación de la mujer con cursos de alfabetización, costura y artesanía. Poco más tarde, y como fruto de otra visita de Mons. Álvaro del Portillo, se pone en marcha un hospital encaminado a ofrecer servicios médicos a las familias y a los sectores menos favorecidos de la comunidad de Aguobu Iwollo.

Son dos ejemplos más de los miles de testigos de la fe que hacen posible la promoción de los pueblos, como consecuencia inmediata de su evangelización. En ellos pueden contemplarse el servicio impagable de los misioneros.


Anastasio Gil Director Nacional de OMP