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1 de febrero de 2015

BELÉN, PERIODISTA MADRILEÑA, MISIONERA EN ZONA MUSULMANA: «NADA ME LLENABA Y SENTÍ QUE TENÍA QUE VOLVER A ETIOPÍA, CON LOS NIÑOS POBRES; ALLÍ SÍ SOY FELIZ»

Belén Manrique supo que Dios le llamaba a estar con los niños de Etiopía

Belén tiene 27 años recién cumplidos, es miembro del Camino Neocatecumenal y estudió periodismo en la Universidad Complutense. ¿Pero a qué ha ido hasta aquellas tierras? ¿Se ha hecho monja? ¿Qué se lleva en la maleta? A continuación nos resuelve estas dudas.


Belén estudió periodismo y antes de trabajar en Misión ya había estado en la compañía de seguros AXA y en La Razón, en la sección de información religiosa. Y dado que ya tenía un camino profesional vinculado con la Iglesia, le preguntamos a bocajarro.

-¿Qué pasó en tu vida para que te decidieras ir a misionar en Etiopía?

-Me llamaba mucho la atención ir de misiones a un país pobre. ¡Ir de misiones! Todo comenzó en su colegio el día que le pusieron un vídeo sobre la pobreza en la India y la labor que las Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta, realizan allí: “Yo ahora digo que fue en ese momento cuando recibí la llamada a servir a los pobres. Pero entonces tenía 14 años y simplemente me quedé muy afectada. Desde entonces siempre quise ir a la India con las Misioneras de la Caridad. Y lo pude hacer en verano de 2009, acompañada por otros jóvenes. Dos años después de aquella experiencia, una vez terminada la carrera, una amiga mía me propuso que fuéramos a pasar un curso como voluntarias en Etiopía.

Misión sí, aventura no. Éste podría ser su lema. A Belén le empezó a gustar la idea de pasar un curso de su vida con los pobres de Etiopía, pero no a cualquier precio: “No quería que fuera un capricho mío, sino que realmente fuera voluntad de Dios. Lo recé y vi que era lo que Dios me pedía”. El resultado fue cinco meses en Etiopia con las Misioneras de la Caridad, en 2011.

La búsqueda de Dios

“En aquellos momentos –prosigue- había empezado a tener inquietudes vocacionales. Era la época de la JMJ de Madrid, dónde vi con seguridad que Dios me llamaba a servirle.Quería evangelizar, sobre todo a los jóvenes. También aliviar el sufrimiento de las personas por no conocer a Dios”.

La experiencia de Etiopía fue una oportunidad única en ese camino de búsqueda de la voluntad de Dios, pero nos confiesa que ese momento no encontró ninguna llamada a una vocación concreta. “No veía entonces que tuviera que ser monja de clausura o ingresar con las Misioneras de la Caridad”. 

Volvió a España a recomenzar su vida y como tantas almas que buscan a Dios: “Tuve una crisis muy fuerte porque no sabía qué es lo que Dios quería de mí, llegué a pensar que mi vida no tenía ningún sentido. Como no sabía muy bien qué hacer, empecé a estudiar Magisterio, pues vi que en Etiopía los niños necesitaban educación y que yo disfrutaba mucho con ellos. Paralelamente comencé a trabajar en la revista Misión. Por fin parecía que había encontrado a lo que dedicar mi vida, pero aun así sentía que estaba vacía, nada de lo que hacía y tenía me llenaba: una buena familia, amigos, trabajo… No encontraba la paz y sentía que estaba desperdiciando mi juventud”.

Pasaron dos años y, en cierta ocasión, en medio de esa búsqueda, Belén volvió a sentir la llamada de regresar a Etiopía: “Tuve el deseo de volver allí para visitar a los niños del orfanato donde habíamos estado. Fui durante las navidades de 2013 y me di cuenta de que es allí donde yo respiro, donde soy verdaderamente feliz. Me sentía en casa. ‘Es aquí en donde quiero estar’, me dije entonces”.

Y en esto, el P. Christopher Hartley se cruzó en su camino. Belén había leído una reseña sobre un libro que cuenta la historia de este sacerdote de nacionalidad española e inglesa en la webReligión en Libertad. El P. Christopher había trabajado en República Dominicana con los cultivadores de caña de azúcar, y le impactó muchísimo su radical defensa de la dignidad humana de estos trabajadores. Tras su etapa en el país caribeño, el misionero fue a Etiopía a iniciar una nueva misión en aquella tierra. Dicho y hecho: “Contacté con él y me invitó a conocer su misión”.

“Así que este verano pasado –nos explica- volví a Etiopía para estar en su misión. Conocí su trabajo y también a una religiosa que le ayudaba. De hecho, fue ella quien me invitó a quedarme y ayudarla. A través de ella y en muchos momentos de oración, sentí que Dios me estaba llamando a quedarme allí. Me di cuenta de que tenía que dejar de pasar la pelota a los sacerdotes y las monjas, e involucrarme yo también en la tarea de la evangelización, porque yo también soy Iglesia y la Iglesia me necesitaba en ese lugar concreto”.

Con los pobres de entre los pobres

“Me atrajo cómo vivía esta monja como pobre entre los pobres”. La pobreza allí no era solo material. Etiopía es en su mayoría cristiana ortodoxa, pero como la zona en donde se encuentra la misión del P. Christopher está muy cerca de Somalia, la religión mayoritaria es musulmana. 

“Yo la realidad que conocí es la de un sufrimiento horrible por la falta de amor y atención que tienen estas personas, las mujeres son consideradas objetos, su única función es la de tener hijos, incluso se las practica la ablación desde niñas para que no puedan disfrutar del acto sexual. Lo que había allí es un sufrimiento inhumano. En toda Etiopía hay pobreza, pero en esta zona la situación de los pobres es insostenible”.

-¿Qué vas a hacer allí? Vas con musulmanes…

-Sí, es verdad, voy a trabajar principalmente con los musulmanes. El P. Christopher ha descubierto lugares en los que no hay ninguna atención sanitaria, ni ningún tipo de educación. Las personas viven como animales. Por eso, el padre ha construido dos escuelas en lugares en donde no había ninguna, que al final constituyen una excusa para que estas personas puedan conocer el amor de Dios.

A estas alturas de la conversación, nos damos cuenta de que fue a un lugar por cinco meses, o por 15 días, o por un verano… pero, ¿y ahora? 

-¿Por cuánto tiempo te vas a Etiopía? 

-Lo que Dios quiera. Lo mismo me voy para 20 años, que en un año me vuelvo. En otras ocasiones lo que me molestaba era tener un billete de vuelta. Antes, para estar con los pobres, tenía un límite que no quería tener, y por eso ahora me quiero ir sin poner ninguna barrera de tiempo.

-Misionera seglar… ¿eso en sí mismo es una vocación? 

-Esa pregunta me hago yo. La única llamada que tengo es la de vivir junto a los pobres. Está todo por decidir. No estoy cerrada a que Dios pueda llamarme a la vocación religiosa. Estoy en camino.

No nos resistimos a hurgar un poco más en lo personal, así que le preguntamos que nos señale tres cosas que se va a llevar en la maleta y de las que no quisiera desprenderse. Como buena misionera, además comunicadora, nos responde: 

- La Biblia, por supuesto, y el Salterio, para hablar con Dios. Y el portátil, casi como una obligación, para estar en contacto con la familia y contar lo que está pasando.

Se lo piensa un poco y Belén nos cuenta que quiere meter otras tres cosas en la maleta, y entre risas nos dice: “¡Mucha humildad y kilos de fe y amor!”

-¿Pero hay allí internet a pesar de la pobreza?

- Sí, sí que lo hay. Quizá no lleguen el agua corriente ni la electricidad, pero sí llega internet. Allí casi todo el mundo tiene un móvil, aunque luego no tenga qué llevarse a la boca. 

Paradojas de los tiempos actuales. 

Fuente: ReL