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24 de noviembre de 2015

FRANCISCO EMPRENDE EN ÁFRICA EL VIAJE MÁS PELIGROSO DE UN PONTÍFICE

El Santo Padre viaja mañana a Kenia, Uganda y República Centroafricana, donde el Gobierno apenas controla la capital del país, en manos de las milicias

Como hizo san Juan Pablo II en más de una ocasión, el Papa Francisco se dispone a arriesgar su vida visitando lugares muy inseguros. Su primer viaje a África, que dará comienzo este miércoles 25 de noviembre, tiene una etapa inicial de dos días en Kenia, donde hay un riesgo de atentados de los yihadistas somalís de al-Shabab («los jóvenes»), que mataron a 150 estudiantes cristianos en la Universidad de Garissa el pasado mes de abril.

El itinerario del Papa continúa después otros dos días en Uganda, un país relativamente tranquilo comparado a sus vecinos. Pero a Francisco le gusta iniciar los viajes a cada continente dando prioridad a los países en situación peor, como Albania en Europa, Sri Lanka en Asia, o Bolivia y Cuba en América.

El Estado fallido de la República Centroafricana

El verdadero problema de su viaje a África está en la tercera etapa, uno de los destinos más peligrosos del continente. La República Centroafricana (RCA), que Francisco espera visitar el 29 y 30 de noviembre es un Estado fallido, con un Gobierno que no controla ni siquiera la capital, y cuyo territorio nacional -622.000 kilómetros cuadrados, mucho mayor que España- está repartido entre dos sanguinarias milicias armadas: la musulmana de Seleka y la animista-cristiana de anti-Balaka, surgida como respuesta a la primera pero que ha terminado siendo todavía más violenta e imprevisible.

En la RCA domina una extraña «Pax mafiosa». Cada milicia controla un territorio y nunca combate directamente a la otra. Pero las dos salen con frecuencia a matar civiles desarmados e incendiar casas en el territorio de la otra comunidad, en un ciclo de represalias que los depravados jefes de ambas controlan a su capricho. Entre las dos -sobre todo Seleka- han reclutado más de diez mil «niños soldado», convirtiéndolos en instrumentos de muerte.

El resultado es que, en un país que no llega a cinco millones de habitantes, hay un millón de refugiados, casi la mitad de ellos en los países vecinos. Son personas muy pobres que han tenido que huir de sus pueblos y ciudades para salvar la vida. Francisco piensa visitar uno de sus campamentos, instalado en terrenos de una parroquia en el centro de la capital.

Nunca un Papa había visitado un país en tamaño desorden. Ni siquiera el viaje de Juan Pablo II a Sarajevo tuvo lugar en condiciones tan inciertas. Las dos milicias, Seleka («Alianza» en sango) y anti-Balaka («anti-Machete», el arma de los Seleka, también en sango) abren o cierran el grifo de las matanzas sin piedad.

El único lugar verdaderamente seguro en toda la República Centroafricana es el aeropuerto de Bangui, bajo control de la operación «Sangaris», formada por 900 soldados franceses, desplegados a petición de Naciones Unidas. Por eso hay siempre de veinte a treinta mil personas acampadas junto a las alambradas del aeropuerto. Son refugiados de la propia capital, que temen dormir en sus casas. Hace un par de años, cuando la milicia Seleka tomó Bangui, llegaron a ser cien mil algunas noches.

El gobierno provisional centroafricano no tiene Policía ni Ejército. La seguridad verdaderamente mínima que hay en Bangui se debe a la presencia de la misión Minusca de Naciones Unidas, formada por unos 10.000 soldados y casi 1.500 policías provenientes sobre todo de países africanos de la zona. Pero tiene un mandato imposible: desarmar a las dos milicias en todo el país. Por eso se limita a proteger el área central de Bangui, y poco más.

Asesinatos de cristianos

¿Por qué va Francisco a la República Centroafricana? Porque es un país donde un conflicto político -la enésima rebelión contra el Gobierno de Bangui- se convirtió en el 2013 en un conflicto religioso ya que las milicias rebeldes del norte del país, apoyadas por mercenarios de Chad y Somalia, eran exclusivamente musulmanas y cometieron a su paso millares de asesinatos de cristianos, destrucción de iglesias, y saqueos de todo tipo.

En vista de la inutilidad del Gobierno, la milicia anti-Balaka nació, como reacción de auto-defensa de la mayoría de los centroafricanos, que son cristianos y animistas. Pero enseguida se convirtió en otra banda criminal, pues la mayor parte de los comandantes son animistas e ignoran los llamamientos de los obispos y párrocos católicos a no matar civiles sin motivo.

Mucha gente sospecha que la milicia Seleka -aparte de un instrumento de saqueo de los comandantes locales- sigue al servicio de su jefe, Michel Djotodia, que derribó por las armas al presidente François Bozizé en el 2013 y se autoproclamó presidente hasta que fue destronado por los franceses en el 2014.

A su vez, la milicia anti-Balaka es la respuesta del ex presidente Bozizé, que ahora ya no se dirige contra su rival Djotodia. Ambos parecen estar de acuerdo en atacar conjuntamente al Gobierno de transición de la presidenta Catherine Samba Panza, nombrada por la Comunidad Económica de Estados del África Central (CEEAC). La presidenta ha invitado al Papa a visitar la RCA como último recurso para intentar salir del abismo. Y Francisco ha aceptado ir para predicar la paz entre personas y entre religiones.

Como en otros conflictos africanos, es difícil saber quién mueve los hilos de la tragedia. Algunos misioneros y funcionarios del Gobierno Bozizé sospechan que la mano de Francia pueda haber iniciado la ofensiva de la Seleka para desestabilizar el país y justificar la intervención militar que le permita volver a controlar la excolonia. Otros apuntan a saudíes multimillonarios hayan financiado a su capricho milicias musulmanas y mercenarios yihadistas de Chad y de Somalia.

Fuente: ABC