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17 de noviembre de 2015

MONJA DE 79 AÑOS CUENTA CÓMO MANTUVIERON LA FE EN CUBA PESE A REPRESIÓN COMUNISTA

“La gente se nos quedaba muchas veces mirándonos. Nos insultaban, por supuesto, porque eramos religiosas"
1961 fue un año duro para la vida consagrada en Cuba: el gobierno ordenó la expropiación de la Iglesia y la expulsión de sacerdotes, religiosos y religiosas para reducir el catolicismo en la población. 
Sin embargo, unos cuantos se quedaron y pese a la represión trabajaron para mantener la fe en espera de años mejores. Entre ellos están Sor Ana Gómez (79) y Sor María Jesús Miranda (86), dos de las 14 Siervas de María que permanecieron en la isla.
Hasta ese año la congregación tenía siete casas en toda la isla y más de 100 religiosas que se dedicaban a su carisma de visitar y atender enfermos durante las noches y las madrugadas. Sin embargo, ya los comunistas habían expulsado a 130 sacerdotes y un obispo, y el temor de más represalias aumentaba entre fieles y religiosos. Era el inicio del éxodo de muchas congregaciones religiosas.

En el caso de las Siervas de María, su presencia se redujo a la casa de La Habana. “A España se fueron de un golpe unas 130. Había también mexicanas y de Puerto Rico” pero “la Iglesia quiso que se quedara un grupo de religiosas. A las últimas nos tocó quedarnos”, relató Sor Ana a ACI Prensa.
Sin embargo, permanecer no era sencillo, pues el gobierno había expropiado los colegios y prohibido las catequesis fuera de los templos. Además, “a los niños los humillaban en la escuela porque iban a la iglesia”.
La presión sobre los menores era más fuerte en los pueblos, pues se daban casos donde los profesores se paraban en las puertas de las iglesias para ver qué alumnos iban a Misa, añadió Sor Mercedes Martínez (54), la primera vocación cubana de esta congregación luego de la revolución.
Mientras Fidel Castro se afianzaba en el poder, las 14 religiosas que se quedaron siguieron trabajando.
“Hicimos la vida normal, trabajo de asistencia por la noche, los enfermos. Teníamos muchos enfermos, siempre salíamos todas las que podíamos velar y hacíamos nuestra vida, nuestra misión independiente: la vida de comunidad en nuestro convento, nuestra casa, la vida de asistencia y salíamos mucho a la calle”.
“La gente se nos quedaba muchas veces mirándonos. Nos insultaban, por supuesto (porque eran religiosas). Decían ‘¡al campo, al campo! (…) ¡todos a trabajar al campo!’. Era lo que mandaba Fidel”, recordó la anciana religiosa.
En este ambiente, las hermanas siguieron luchando por mantener el catolicismo. “Se trabajaba en las iglesias, se invitaba a la gente a que fuera a las iglesias”, se hacía apostolado personal, relató Sor Ana.
En ese sentido, Sor Mercedes afirmó que fue este trabajo misionero lo que ayudó a mantener la fe en la isla. “Con el testimonio de la vida de ellas, de noche tras noche junto a un enfermo, era lo más elocuente que ellas hacían, de servicio, de caridad”. A la gente “les convencían la vida de las hermanas” que trabajaban sin cobrar; incluso “hasta las mismas personas del gobierno se quedaban admiradas” por su labor, indicó.
“Entonces –añadió Sor Ana–, te preguntaban de qué iglesia (eran) y qué iglesia les quedaba más cerca, y así poco a poco era la manera como se podía hacer el apostolado”. Además “los obispos por medio de cartas mandaban a leer en las iglesias”.
Pero quienes también ayudaron a cuidar la fe, indicó Sor Mercedes, fueron las abuelas. “Los padres que eran jóvenes no podían porque tenían que trabajar…él (Fidel) destruyó la familia. Dejó a los hijos, mandó a los padres a trabajar lejos. Las abuelas fueron las que mantuvieron la familia”.
Sin embargo, con quien nunca pudieron las autoridades, fue con la devoción a la Virgen de la Caridad.
“La Virgen es lo que nos ha unido. No será una fe pura a la Virgen porque está ligada con santerías y sincretismo, pero María ha sido para nosotras el camino hacia Jesús. Ellos nunca han podido quitar el amor a la Virgen…el amor a la Virgen de la Caridad no lo han podido quitar. Y eso es lo que ha mantenido la fe, la que ha mantenido la vida de Dios aquí” en Cuba, expresó Sor Mercedes.
Ambas religiosas coincidieron en que las cosas comenzaron a cambiar con la visita de San Juan Pablo II en 1998 y la carta de los obispos cubanos “El amor todo lo espera” –publicada el 8 de septiembre de 1993– “que sembraba el amor en el corazón del cubano, basado en el amor de Dios y de la Virgen de la Caridad”. La carta “hizo mucho bien en el pueblo cubano, ahí empezó el diálogo con la Iglesia. Ahí empezó”, afirmó.
Sor Mercedes destacó que “la vida de la Iglesia ahora es viva. Una Iglesia que quiere salir, como dice el Papa a las periferias, una Iglesia que se mantiene, que tiene la ilusión de evangelizar. Hay vocaciones”.
“A pesar del sincretismo que hay, aumenta el número de cristianos, no mucho, pero sí va aumentando”, añadió Sor Ana, la religiosa que se quedó en los años más difíciles para la Iglesia en Cuba.
Fuente: ACI