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5 de julio de 2016

UNA MISIONERA ASTURIANA A LA QUE NI LAS AMENAZAS DE MUERTE LE HICIERON MARCHARSE

La Arquidiócesis de Ayacucho (Perú) celebra los 50 años de María Estrella en esta ciudad peruana tan castigada por la violencia

Decidió quedarse en tierras peruanas. Fue la única misionera extranjera que lo aceptó. En los años 80 cuando la violencia subversiva azotaba a la ciudad de Ayacucho, María Estrella del Carmen Muñiz, “Madre Covadonga”, misionera Dominica del Rosario permaneció en el Perú. Su deseo de servir pudo mucho más que el de sobrevivir.

En 1982 empezaron las amenazas de las huestes del terror…”Mis hermanos misioneros se me fueron de Ayacucho, me quedé yo solita. Y es que el Señor me dijo:‘Quédate en Ayacucho para que hagas mis veces'”,comentó la religiosa en una entrevista para la televisión.

Acostumbrada al verde del campo de la ciudad de Asturias en España su tierra natal, llegó a Huamanga en 1971, luego de tres años se nacionalizó peruana. Su obra trascendió fronteras así logró materializar la primera escuela de alfabetización y una biblioteca que atiende a 800 personas entre otras obras.

Ayacucho: 50 años de labor Arquidiocesana

A sus 96 años la religiosa participó en las celebraciones por los 50 años de labor de la Iglesia Ayacuchana en Perú el último 27 de junio.

Durante esta celebración de las “Bodas de Oro” de la Arquidiócesis fundada en 1966 el Arzobispo de Ayacucho monseñor Salvador Piñeiro destacó las virtudes y la abnegada labor de esta mujer que a los 18 años supo que quería entregar su vida a Dios.

Inició su labor misionera al lado de Juan Luis Cipriani Thorne, actual cardenal, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, quien hasta 1999 fue obispo auxiliar y arzobispo de la entones convulsionada ciudad, también conocida como el “Rincón de los muertos”.

Por su labor en defensa de los pobladores del pueblo de Ayacucho durante la época del terrorismo que causó la muerte de decenas de miles de peruanos, el gobierno de España la distinguió en 2013 con la Real Orden de Isabel La Católica.

La Iglesia Ayacuchana en el corazón del pueblo

El pueblo de Ayacucho celebró los 50 años de su elevación como arquidiócesis por el Papa Paulo VI el 30 de junio de 1966. Fundada con el nombre de Huamanga en 1539. La celebración de este acto histórico se realizó en el Colegio Salesiano Don Bosco, una de las más de 10 congregaciones que realizan labor pastoral en la ciudad.

Desde el siglo XVI se fueron construyendo los cimientos del Catolicismo colonial Ayacuchano en la pequeña Roma de los Andes. En la ceremonia se reflexionó sobre la historia de evangelización de la sierra del Perú, explicó para la prensa local el Gran Canciller de la Arquidiócesis de Ayacucho Percy Quispe Misaico.

“Nuestra arquidiócesis comprende Ayacucho, Huancavelica y la Prelatura de Caravelí”, explicó el también párroco de una de las 33 Iglesias que tiene esta bella ciudad arquitectónica. Esta es una de las arquidiócesis más grande del Perú que sirve como fundamento a las demás, finalizó.

¿Quién es la Madre Covadonga?

Guerrera infatigable contra el hambre, la pobreza, el dolor, la injusticia especialmente contra la violencia generalizada de los duros años de los ochentas. Madre Covadonga afincó su corazón en Perú desde 1971 hace 45 años.

La religiosa conocida como Madre Covadonga,  nombre que se impuso al recibir los hábitos en 1942 en alusión a Nuestra Señora de Covadonga, Patrona de Asturias en España, fue condecorada en esta celebración -con la Medalla de San Juan Bautista, patrón de la Arquidiócesis-  al lado de otros sacerdotes, historiadores y laicos.

Su atención a los discapacitados, las enseñanzas de paz, justicia y amor en las cárceles la ha hecho la monja más amada de los últimos tiempos. Junto a sus hermanas de congregación ha entregado su vida entera a los más necesitados.

En la ceremonia de aniversario fueron distinguidos monseñor Luis Abilio Sebastiani uno de los arzobispo de la jurisdicción, el sacerdote Godofredo Barrientos además de una pareja de laicos.

Nació en España en 1922 su labor en favor de los desvalidos, los sin techo ni pan, dejaron traslucir su alma de acero y su corazón de amor profundo lo que le valió para que el gobierno peruano le entregara la orden al mérito en el grado de oficial por los servicios realizados en Perú.

Actualmente Ayacucho es considerada como la capital de la Semana Santa en el mundo. La arquidiócesis seguirá siendo cuna del amor profundo por los desvalidos acogidos por la Iglesia.



Fuente: Aleteia