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12 de septiembre de 2016

LA IGLESIA ESTÁ POR ENCIMA DE TRIBUS Y ETNIAS Y EL OBISPO HA DE EDIFICAR LA UNIDAD, AVISA FRANCISCO

«Las divisiones son el arma que el diablo tiene más a mano para destruir la Iglesia desde adentro»

«El diablo entra por los bolsillos y destruye con la lengua». El Papa puso en guardia a los obispos de los «Territorios de Misión» que están participando en un seminario promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda fide) en Roma. 

El peligro son dos «armas» usadas por el diablo para tratar de destruir la Iglesia «desde dentro»: el dinero y, sobre todo, el «terrorismo» que representan los chismes y las habladurías que dividen. 

Francisco invitó a que las diferencias presentes en los países de origen de estos obispos (principalmente de Asia, África y Oceanía) no penetren en las comunidades cristianas «hasta prevalecer sobre su bien».

«Los lugares de los que ustedes provienen —dijo el Papa— son diferentes y muy distantes entre sí, y pertenecen a la gran constelación de los llamados “territorios de misión”. Por lo tanto, cada uno de ustedes tiene el gran privilegio y al mismo tiempo la responsabilidad de estar en primera línea en la evangelización. 

A imagen del Buen Pastor, ustedes han sido invitados a cuidar al rebaño y a ir a buscar a las ovejas, especialmente a las que están lejos o se han perdido; a buscar nuevas modalidades para el anuncio, para salir al encuentro de las personas; a ayudar a los que han recibido el don del Bautismo a que crezcan en la fe, para que los creyentes, incluso los creyentes “tibios” o no practicantes, vuelvan a descubrir la alegría de la fe y una fecundidad evangelizadora. 

Por ello, les animo a encontrar también a las ovejas que no pertenecen todavía al redil de Cristo: de hecho —dijo Francisco citando su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”—, la evangelización está esencialmente relacionada con la proclamación del Evangelio a los que no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. En la obra misionera —prosiguió el Papa— ustedes pueden contar con diferentes colaboradores. Muchos fieles laicos, sumergidos en un mundo marcado por contradicciones e injusticias, están dispuestos a buscar al Señor y a ofrecer testimonio. 

Antes que nada, le toca al Obispo animar, acompañar y estimular todos los intentos y esfuerzos que ya se hacen para mantener viva la esperanza y la fe. Las iglesias jóvenes de las que ustedes son Pastores se caracterizan por la presencia de un clero local a veces numeroso, a veces reducido o incluso exiguo. De cualquier manera, les invito a prestar atención en la preparación de los presbíteros en los años del Seminario, sin dejar de acompañarlos en su formación permanente después de la Ordenación. Sepan ofrecerles un ejemplo concreto y tangible. 

En la medida de lo posible, traten de participar con ellos en los principales momentos formativos, teniendo siempre en cuenta la dimensión personal. No se olviden —subrayó— de que el prójimo más prójimo del Obispo es el presbítero. Cada presbítero debe sentir la cercanía de su Obispo. Cuando un Obispo oye una llamada telefónica del presbítero o le llega una carta, ¡responde de inmediato! El mismo día, si es posible. Pero esa cercanía debe comenzar en el seminario, en la formación, y continuar. El prójimo más prójimo del Obispo es el presbítero».

En las palabras del Obispo de Roma resonó el llamado a vigilar «atentamente para que todo lo que se realiza para la evangelización» «no sea dañado o frustrado por divisiones ya presentes o que se pueden crear». «Las divisiones son el arma que el diablo tiene más a mano para destruir la Iglesia desde adentro» . «La otra es el dinero». «Las diferencias debidas a las varias etnias presentes en un mismo territorio no deben penetrar en la comunidad cristiana hasta prevalecer sobre su bien», puesto que la Iglesia, insistió, «está llamada estar más allá de toda connotación tribal-cultural, y el Obispo, visible principio de unidad, tiene la tarea de edificar incesantemente la Iglesia particular en la comunión de todos sus miembros».

Fuente: Vatican Insider